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Este es un espacio para compartir experiencias e informarse, tambíen de analizar actual situación de la mujeres en el mundo academico y tratar de trabajar juntas para que mayor número de mujeres con verdadera vocación cientifica pueden prosperar tanto en sus logros indiduduales como en objetivos generale que beneficie a toda la humanidad.

Friday, July 16, 2010

Karen Armstrong: De Monja a Historiadora de las religiones.


Si le tuvieron que preguntar a Karen Armstrong por qué dejo el convento ella respondería que fue por la crueldad de la religión. A partir de entonces ella se dedico al estudio de las creencias “como terapia” y hoy a sus 62 años su saber es apreciado en las más altas esferas pues a algunos de los principales focos de tensión mundiales, como oriente Medio y al- Qaeda, tienen una dimensión  religiosa innegable.

En su último libro La gran Trasformación”, Armstrong revendida el mensaje de los antiguos profetas resumido en un término de hoy suena un tanto extraterrestre: compasión.

Estas personas que vivieron hace más de dos milenios intentaron seriamente encontrar respuestas en la religión: se embarcaron en un viaje interior a la búsqueda de una sanación espiritual para el alma de sus sociedades. Nosotros ahora perseguimos curaciones pero solo en el ámbito científico, para nuestro cuerpo: queremos acabar con el cáncer pero hemos olvidado nuestro lado espiritual.

A medida que se familiarizaba más y más con estos personajes Armstrong se sorprendió el encontrar un nexo común muy claro entre los profetas y este es nada menos que sus ausencia de preocupación por lo divino: Si hubieran interrogado a Buda o a Confucio acerca de su creían en Dios, les habría parecido una cuestión bastante trivial. A ellos este tema no les interesaba, como en general tampoco les preocupaba ni la teología, ni la metafísica. La escritora amplia esta consideración a los profetas del judaísmo: Si alguien hubiese preguntado a Amós o a Ezequiel si eran monoteístas, se habrían quedado igual de perplejos.

En este punto, Armstrong recuerda una frase de Buda, y da la impresión de que por hoy le sería más difícil adaptarse a la vida de un misterio budista que a la de uno católico como el que habitó en su juventud. Se trata de una cita que ilustra el cansancio del profeta a lo que ya en su época debían se interminables polémicas sobre la existencia de un ente superior: “Acabad con la especulación sobre si hay un Dios o no”, dijo el extenuado  Buda a algunos de sus tercos seguidores. La historia se desarrolla así: uno de sus monjes lo interrogó acerca de si había un Dios, y cómo había creado este el mundo; él le contestó que insistir en preguntar eso era como si un persona la que hubiesen herido de un flechazo no quisiera que nadie la curase hasta saber el nombre del quien había lanzado la flecha y en qué ciudad había nacido. Al atribulado monje le recomendó también que no dedicase tanto tiempo a calentarse la cabeza con esas disquisiciones y que mejor realizara unos cuantos ejercicios de compasión. Esta actitud de educada indiferencia hacia los asuntos divinos se debía a que lo que importaba no era lo que uno creía, sino el comportamiento. La religión consistía en hacer cosas que te cambiaban a un nivel profundo.  En este sentido Armstrong recuerda otro punto de coincidencia entre todas las religiones de esa época: La única forma de encontrar lo que ellos llamaban Dios, Nirvana, Brahmán o el Camino era vivir una vida compasiva. En realidad, la religión era compasión.

Thursday, July 8, 2010

Relaciones de poder entre madre e hija. Entrevista a Alicia Kauffman

"Identidades en transformación: mujeres y hombres directivos”

 “La relación entre madres e hijas constituye la madre de todas las relaciones. Es una de las más apasionadas y viscerales en la vida de las mujeres, aquella por la cual se puede experimentar desde el amor más profundo a la más profunda de las rabias, e incluso el mayor de los odios”, según Alicia Kaufmann, catedrática de Sociología, coach e investigadora social, que en su reciente investigación “Identidades en transformación: mujeres y hombres directivos”, aborda, entre otros, los dilemas que las madres profesionales han de atravesar en sus vidas hacia la alta dirección.
La investigadora profundiza que si bien madre e hija tienen la misma conversación, la interpretación de la misma, puede ser totalmente diferente. “Se trata de relaciones en donde el “poder” y la “distancia” se negocian continuamente”. De ahí que su objetivo al abordar este dilema sea con la intención de mejorar la comunicación entre madres e hijas, ¡qué mejor regalo para el día de la madre!, a la vez que también hacer más fluida las relaciones con las mujeres de nuestro entorno, especialmente en el marco profesional.
La relación con la madre obliga a la hija a afrontar cuestiones fundamentales sobre quién es, quién quiere ser y cómo se relaciona con los demás. Es un vínculo de enorme importancia a lo largo de toda la vida de cualquier mujer, incluso tras el fallecimiento de la propia madre. Similar es la situación de las madres, aún cuando sus hijas ya sean ellas mismas adultas y madres, explica Alicia Kaufmann. “Una primera conclusión es que el vínculo entre madre e hija está muy cargado emocionalmente, dado que combina una intensa conexión con una implacable lucha por el poder, sobre todo a partir de la adolescencia”.
Madres e hijas, mejor si se entienden
A veces al ser interpretaciones tan distintas de las mismas conversaciones, continúa Kaufmann, hacen que la frustración resulte frecuente entre ambas. Para una hija los comentarios de su madre resultan importantísimos, por eso cualquier juicio emitido por ella, puede sentar como “una cadena perpetua”. Las hijas tampoco se quedan cortas y pueden emitir generalizaciones muy hirientes.
Una primera consecuencia radica en que ambas tienden a sobre valorar el poder de la otra y a infravalorar el propio poder. La relación entre madres e hijas puede ser una gran fuente de consuelo, pero también puede causar un gran sufrimiento. De nadie más hablamos con tanto cariño, pero a veces también con tanto resentimiento, como de la propia madre. La actriz Liv Ullman definió aquello que cualquier hija desea idealmente que su madre dijera: “Le pase lo que le pase, ella sabe que puede confiar en mi, que no la voy a juzgar y que siempre va a recibir todo mi apoyo y ayuda”. Ambas sienten profundamente las emociones de la otra. “Cuando yo misma llamaba por teléfono a mi madre, o ahora a mi hija, por mi tono de voz, ellas se daban cuenta cómo era mi estado de ánimo y viceversa. Otras veces, hubo llamadas a 12.000 Km. de distancia preguntando si me encontraba bien y efectivamente en ese momento me encontraba fatal. Durante toda mi vida sentí como si hubiese una conexión energética entre ambas, y muchas veces sentía que sus emociones eran transferidas directamente de un corazón a otro, como si se fuera una cuenta de banco emocional”.
Otra de las constantes que aparecen en esta relación es la permanente búsqueda de aprobación, que a veces permanece en las mujeres hasta edades avanzadas, buscándola en otras personas del entorno, creándose así una fuerte frustración cuando no se recibe. La clave radica en saber si se ha establecido una relación saludable o no con la madre y si ésta ha proporcionado el grado de contención necesaria para los hijos, lo que a su vez estos podrán transferir a sus propios hijos y a otras personas de su entorno. Si esta figura ha faltado, sería necesario para la persona en cuestión, encontrar un sustituto de modelo de rol para poder llegar a una madurez emocional.
Madres omnipresentes
En cuanto a las madres, su influencia resulta omnipresente y a veces les resulta difícil aceptar que han ido perdiendo autoridad y que ésta no es la misma que cuando sus hijos eran pequeños. A consecuencia de ello, muchas mujeres de mediana edad se sienten perseguidas por un doble hostigamiento: por una parte, de sus hijas adolescentes y, por otra, de sus madres ya mayores. Con lo cual ambas relaciones, pueden ser en un determinado momento “de alto riesgo”.
Las madres deberían “evitar” el impulso de dar consejos una vez que las hijas se han convertido en adultas. Por otra parte, no hay nada que se viva peor que un “consejo no solicitado”. La hija en realidad no quiere consejos, quiere aprobación y amor. Con los hijos pequeños esto resulta fácil, dado que se debe hacer todo lo posible por protegerles, en cambio, si haces lo mismo con una hija ya adulta, ésta probablemente montará en cólera, dado que lo que ella necesita es poder “demostrar que ya no necesita protección”.
A las madres les cuesta adaptarse a este nuevo estado de cosas, avanza Alicia Kaufmann. Si las hijas responden con tanta visceralidad a las palabras de las madres, es porque lo que les dicen las madres aún les importa mucho. Los cumplidos de las madres tienen un efecto casi mágico sobre las hijas, partiendo del supuesto que la relación entre ellas es compleja por el mero hecho de ser mujeres. En tanto que las hijas se quejan porque se sienten criticadas, las madres a su vez se quejan porque se sienten excluidas. A las madres les cuesta aceptar que sus hijas han ampliado sus redes sociales y que ellas ya no son las protagonistas, como cuando sus hijas eran pequeñas. Sienten un gran dolor al sentirse dejadas de lado.
A las madres a veces se las considera como una especie de secretarias, a las que se puede interrumpir cuando se quiere (quitar sobra) y siempre están disponibles. A medida que ambas se van haciendo mayores y sus vidas van evolucionando, ambas van flexibilizando sus roles, adecuando el grado de distancia e intimidad entre ellas. “La sabiduría que viene con la edad, consiste en disfrutar más e irritarnos menos”, dice la experta. Esto se logra cambiando la forma de comunicarse. A veces las hijas sin darse cuenta, dejan de lado a la madre para “aliarse con el padre”, convirtiéndose éste ultimo en favorito. El hecho de ser consciente de determinadas acciones puede transformar completamente las dinámicas que se producen en una familia. Cada pareja de madre e hija, tendrá que decidir y llegar a un acuerdo sobre cuál es el grado de conexión adecuado para ellas.

 Fuente: http://www.wim-network.org/

Sunday, July 4, 2010

Entrevista con Rita Segato sobre La despenalización del aborto y feminicidio

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¿Por qué la Iglesia Católica se opone con tanto fervor a la despenalización del aborto?

–Por dos razones. Leí en una nota que usted escribió que hay casi un aborto por cada parto en la Argentina. Ese dato me confirma lo que pienso. La discusión sobre la criminalización o descriminalización del aborto poco tiene que ver con la práctica del aborto. Es evidente que el aborto está criminalizado en la ley desde hace unos 90 años y eso no significa nada. Como muchas otras, esta ley no tiene, por sí misma, capacidad de controlar lo que las personas de hecho hacen. Es un caso clásico de una ley que tiene otra finalidad. Sabemos que las mujeres abortan todos los días y, tal vez, cada día más. Católicas, no católicas, evangélicas, un día tienen una situación muy complicada, consideran que Dios tendrá que perdonar y hacen un aborto. ¿Cuándo una ley es eficaz? Cuando transforma la sensibilidad ética, es decir, las ideas de lo que está bien y lo que está mal. Una ley que repite y repite “no matarás” es eficaz si consigue convencer a las personas de que no es bueno salir a la calle con un revólver y darle un tiro a alguien por una cuestión de una vendetta, que ésa no es la mejor manera de resolver un conflicto. Una persona deja de matar cuando la sensibilidad ética se transforma, no porque está pensando que puede ir a la cárcel. La ley no tiene un impacto de causa-efecto sobre el comportamiento, como se piensa de una forma simplista. La ley del aborto es un caso típico de que su eficacia es de otro tipo porque no ha transformado y nada indica que transformará la sensibilidad ética de las personas al punto de pensar que abortar significa cometer un asesinato, porque no lo es. Lo que tenemos que entender es que la discusión es sobre dos temas: por un lado, quién controla a los legisladores, quién tiene el poder en la Nación de inscribirse en la ley, de decir a unos señores que tienen la lapicera en la mano para escribir una ley, que escriban la ley que les interesa. La Iglesia entra en una competencia de autoridad con el feminismo, con las mujeres, y dice: “Yo mando aquí todavía y voy a escribir la ley de una forma en que mi perfil ideológico esté retratado, y voy a ganar”. El relanzar hacia el futuro la criminalización del aborto significa mantener la influencia. Es una guerra de influencias.

¿El eje central de la posición de la jerarquía católica entonces no es la defensa de la vida?

–Si le importara, la jerarquía católica estaría en otros frentes con la misma beligerancia, defendiendo la vida. Le interesa marcar en este momento la permanencia de su influencia en el Estado argentino.

–¿Y cuál es la segunda razón?

–La tendencia mundial de todos los credos, de todas las Iglesias, al fundamentalismo. El territorio fue por mucho tiempo un pedazo de tierra, propiedad directa, pero hoy los pueblos se desplazan, hay gran movilidad, hay formas de autoridad paraestatal: la Iglesia es una autoridad paraestatal que atraviesa territorios, es un Estado trans-estatal. ¿Qué quiere decir? Que su dominio territorial debe afirmarse en su dominio sobre cuerpos como territorios. Un tema permanente en mis trabajos es la gran afinidad que existe entre el cuerpo de la mujer y el territorio. Cuando marco con mis banderas, con mis insignias el cuerpo de la mujer, estoy marcando su anexión a mi capacidad de Estado transnacional. Y una de las formas de todas las religiones y no sólo de la católica, es marcar los cuerpos siendo esta marca omnipresente. El Islam es el que ha sido más visibilizado con estas políticas, donde hay mujeres que tienen que usar determinado tipo de vestimenta. Uno de los rasgos centrales del fundamentalismo es su ansiedad por marcar con insignias los cuerpos de las mujeres. Y uno de ellos es que las mujeres tengan muchos hijos, no practiquen determinados actos, se vistan de determinadas maneras, adhieran a determinada normativa, no por una razón teológica, ni doctrinal ni moral, sino por una razón territorial.

–¿Cuáles son los puntos de encuentro entre el cuerpo femenino y el territorio?

–Lo que da los puntos de encuentro son las prácticas. Muchos han dicho que en las visiones culturales, la mujer siempre está asociada a la Naturaleza, es el gran útero, la Madre Tierra, se la vincula con una cierta pasividad de la Naturaleza frente a la acción del Hombre. Yo no hablo de la tierra, me refiero al territorio en sentido político. Las prácticas guerreras muestran la manera hegemónica de entrar el cuerpo de la mujer en la ideología, en la representación colectiva: siempre tuvieron ese correlato de la conquista de un territorio, la anexión del cuerpo de las mujeres, la inseminación por violaciones individuales o colectivas, su esclavización para servicios sexuales. Un ejemplo clásico es la guerra de Japón contra Corea y la anexión de las mujeres coreanas para servicios sexuales.

–Lo mismo se puede observar en la llamada Conquista del Desierto.

–Claro, también los araucanos, antes de la propia conquista, tenían varias concubinas. La visión patriarcal, que es la atmósfera en la cual todavía vivimos, percibe que anexar un territorio es acceder al cuerpo de sus mujeres como parte de su territorio, por eso hablo de esa afinidad. Esto fue siempre así hasta ahora. Es importante prestar atención que hubo un cambio, y ha sido para peor, porque en muchos territorios del mundo hoy no se trata de anexar el cuerpo de las mujeres sino de destruirlo. Este es un fenómeno muy nuevo. Claro que era destructiva y espantosa la violación del cuerpo de las mujeres, en una atmósfera patriarcal en la cual se entiende que cuando yo violo a la mujer del enemigo, yo reduzco a mi enemigo moralmente, por eso es tan potente el crimen sexual, y se entiende en una agresión al otro. Pero es una agresión a la mujer como persona y sin embargo, no se ve así. Tanto no se ve así que en diversas partes del mundo, en Colombia paradigmáticamente, y ahora también en la Argentina y en Perú, se está comenzando a descubrir que en todas las agresiones a las mujeres por parte de grupos paraestatales o durante los gobiernos dictatoriales, el tratamiento dado a las mujeres ha sido silenciado. Los protocolos de la investigación de la Medicina Legal para el análisis de lo ocurrido en esos cuerpos no incluyen preguntas sobre la especificidad de lo que les pasó a las mujeres. En Colombia están exhumando fosas comunes, de las varias guerras que atravesaron su territorio en décadas; aunque la crueldad ejercida sobre el cuerpo de las mujeres tuvo especificidades sexuales no está registrado. Y esto es lo importante. Porque se considera equivocadamente que eso que aconteció ahí entre el verdugo y su víctima fue de orden sexual y yo afirmo, y creo que es fundamental que nosotras lo afirmemos fuertemente, que eso no es de orden sexual, es de orden bélico, sólo que la forma de agresión se da a través de la sexualidad, se da en los genitales y con genitales. Lo dejan afuera, no lo cuentan, porque lo consideran del ámbito de lo íntimo.

–De lo privado...

–Exacto. Ese es todo el tema de la Modernidad, que se privatiza completamente lo sexual. Las mujeres nunca han sufrido tanto violencia doméstica como en la Modernidad porque se ha privatizado completamente lo sexual, que es un error, porque ahí lo sexual es político y es bélico, no es sexual. Si el patriarcado no fuera la red de significados y sentidos en la que estamos presos, la sexualidad no tendría ninguno de los significados que tiene entre nosotros. Por ejemplo, no tendría el sentido de la desmoralización del otro. Lo que las mujeres debemos defender es que la sexualidad ejercida de esa forma lastima, duele físicamente. Pero la lastimadura moral resulta del orden de la atmósfera del aire patriarcal que respiramos y coloca en la intimidad esa agresión que duele y que es simplemente una agresión como si me dieran una cuchillada, como si me dieran un balazo. Se pierde toda la dimensión del dolor, que es la más importante de todas. Y se lo privatiza y se coloca esa agresión en el orden de la moralidad. Entonces, no se habla. Las mujeres indígenas peruanas y guatemaltecas, por ejemplo, que han sufrido agresiones sexuales feroces, que han derivado en muchos casos en embarazos, no pueden hablar de esto porque están aprisionadas en el orden moral sexual. Uno de los grandes esfuerzos es retirar la sexualidad de la moralidad, separarla. Eso sería un tiro de gracia en el poder patriarcal. Cuando se agrede sexualmente a sus mujeres, se las desflora por violencia, el corazón del enemigo se reduce, porque el enemigo también es hombre, y es un defensor de la regla patriarcal. Hay una autora hindú que se llama Veena Das, que escribió un artículo sobre la crueldad en las guerras de la separación de India de Pakistán. Infelizmente no lo analiza desde una perspectiva de crítica al patriarcado, pero muestra cómo la destrucción de esa guerra también fue una destrucción en el cuerpo de las mujeres. Si hasta el presente fue la anexión del territorio, anexión del cuerpo de las mujeres, inseminación colectiva, esclavización sexual de las mujeres como el máximo trofeo de la victoria, como un cazador pone los ciervos en la pared, hoy hay todavía una vuelta de tornillo para peor en ese proceso que consiste en la destrucción y eliminación por tortura del cuerpo de las mujeres hasta la muerte en muchos escenarios del mundo, en Congo, Guatemala, México, El Salvador. Esa destrucción es una novedad.

¿La saña aumentó?

–Antes el abuso era la saña. Hoy es saña que lleva a la muerte por destrucción del cuerpo.

¿Y se da sólo en contextos de guerra o en otros también?

–Para que la definición de crímenes de guerra sea eficaz para defender a las mujeres, la noción de guerra tiene que ser modificada.

¿En qué términos?

–Las guerras no son más convencionales. El mundo tiene una cantidad de escenarios guerreros impresionantes, que no son definidos de la forma clásica. Las guerras de maras, de gánsters, tribales, de los paraestados contra poblaciones disidentes, acciones paraestatales policiales permanentes y legitimadas para los no blancos, los marginales, los drogadictos, el peligro musulmán en Europa. Es necesario reformular este nuevo tipo de guerras que son no formalizadas por uniformes, por estandartes y sobre todo por formas marcadas y definidas de victoria o de derrota. En una guerra convencional además de la uniformización de los dos ejércitos hay convenciones muy claras de cómo se venció, como son los rituales de victoria, de derrota, de pacto final. Como las guerras hoy son difusas y no están definidas, algunos las llaman de tercera o cuarta generación, lo que está ocurriendo con las mujeres es una forma de documento donde se escribe un momento de victoria. También lo que pasa es que la victoria en estas guerras no convencionales es efímera.

–La antropóloga mexicana y ex diputada federal Marcela Lagarde sostiene que las muertes y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez no son un fenómeno excepcional, sino que se repite en otros países como Guatemala y España, e incluso la Argentina, donde se repiten los asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres. ¿Comparte esta visión sobre los feminicidios?

–Hay dos posiciones en relación con los feminicidios. Es muy complicado porque no se han desarrollado todavía los foros suficientes como para discutirlas. En realidad, son dos estrategias diferentes. ¿Qué significa que una mujer muera por el solo hecho de ser mujer? La definición que toma Marcela Lagarde es la de Diane Russell, que vive en Estados Unidos, pero es sudafricana, el lugar donde se cometen más violaciones en el mundo. Russell muestra a las mujeres usadas en la pornografía y llevadas hasta la muerte en algún tipo de snuff movies, mujeres asesinadas por sus maridos, todas las mujeres que mueren en una frontera de género. Marcela sigue un poco este camino, es decir, el feminicidio engloba a todas las mujeres que mueren en una frontera de género. Como dice ella: “Para el género no existen tiempos de paz”. La producción más interesante en el feminismo está en la actualidad en redescubrir un camino no occidental para las mujeres. El Occidente moderno es el que peor trata a las mujeres, no importa cuánta ley de derechos humanos o de legislación pro mujer pueda un país producir. Algo está pasando porque algo está fallando severamente en el camino occidental y moderno estatal. Entonces, hay una visión del feminicidio que engloba todas las muertes que ocurren en esta frontera de género, en incremento en el avance de la modernidad. Y hay otra visión que cierra, focaliza, en cierto tipo de agresiones que tiene que ver con la destrucción del cuerpo hasta la muerte, en un escenario bélico nuevo. Yo trabajo en esta última línea.

–¿Por qué?

–Es cierto que la mayor parte de los asesinatos de mujeres ocurren en el espacio doméstico. El propio Estado moderno produce conyugalidad moderna. Tengo una estudiante que terminó su doctorado ahora. Su tesis es sobre la invención de la solterona. Se trata de cómo a medida que se moderniza el Estado brasileño –esto ha sido un proceso mundial, hay estudios para el Islam también–, se van creando mecanismos en que se fuerza a las familias a obedecer un patrón de conyugalidad moderno, privatizado, la familia conyugal cerrada, íntima, privada. Lo doméstico se privatiza. Surgen las ideas sobre las solteronas que nos parecen que son naturales, de que estar solo y no casarse es patológico, se genera un gran terror frente a ser solterona. Fue una política clara, a través de las revistas de aconsejamiento, las novelas, la literatura, que impusieron una imagen de mujer soltera como anómala, portadora de una incapacidad o enfermedad psicológica. Mi estudiante lo demuestra. Es muy interesante su tesis. En esa conyugalidad se van creando formas propias de violencia que son muy grandes, porque se rompen todas las formas de solidaridad entre las mujeres, que existían en un espacio doméstico de otro tipo, no conyugal privado propio de la modernidad, que es el espacio indígena, islámico doméstico, la familia compleja. Hoy la mujer vive su soledad en el espacio doméstico y nadie lo sabe. El avance de la Modernidad fue creando formas de vulnerabilidad de las mujeres y fue creando las leyes para esa forma de vulnerabilidad.

–Los asesinatos de mujeres que ocurren en lo doméstico, ejecutados por su pareja o su ex pareja ¿se deben definir como feminicidios?

–El problema es que si a esos crímenes se los llama feminicidios será dificilísimo hacer entrar esa categoría en la legislación internacional de derechos humanos. La lucha de llevar el feminicidio a la categoría de un tipo de genocidio hacia la mujer tiene que pasar por algo que es la despersonalización de esos crímenes. Un violador de calle, desconocido, del tipo serial, tiene una motivación de orden de género evidentemente: su género le impone un mandato de apoderamiento y posesión del cuerpo de la mujer, de ser capaz de mostrar que puede usurpar la sexualidad femenina. Eso es genérico. La mayor parte de los hombres controla el mandato genérico o lo ejecuta por vías que no son cuadrables en la ley como violación. La extracción del tributo femenino, como si fuera un impuesto de las mujeres, para construir su masculinidad, el violador la realiza de una forma particular, que atañe a su biografía personal. El “pater familias”, el hombre que es dueño del ámbito privatizado que es la esfera familiar, va a realizar su mandato de posesión de aquella esfera y de los cuerpos que en ella habitan de una manera personal, con su autoridad ejercida de la manera que la ley permite o, en unos casos, va a exceder la ley y va a ejercer su autoridad de una manera que la costumbre lo permite, que no es lo mismo. Pero en todos los casos tenemos la personalización de la manera en que se realiza el mandato de género. Es un mandato genérico realizado de acuerdo con las características de biografías personales. A un jurista que trabaja en el campo de los derechos humanos es difícil –porque ya lo intenté– convencerlo de que esos crímenes constituyen un genocidio, porque hay una personalización de la forma en que se ejecuta un mandato que es genérico. Los otros asesinatos de mujeres, los que se producen en las guerras no convencionales, en las masacres en el cuerpo de las mujeres, en esos casos sí ocurren solamente por el hecho de ser mujeres, porque son mujeres desconocidas. Pensemos en un ejemplo. Un hombre piensa: “Voy a agarrar a una mujer del barrio tal porque está dominado por tal mara y al destruir su cuerpo mostraré que sus grandes cabecillas no tienen capacidad para defender a las mujeres que viven en su territorio”. Punto. Es una relación política y bélica. Ahí sí hay feminicidios. Otro ejemplo: en las destrucciones vaginales que se observan en las guerras tribales del Congo, que son continuaciones de las guerras de Ruanda, podríamos mostrar dos cosas: que se trata de muertes de mujeres sin relación con biografías personales; y en muchos casos, como en Ciudad Juárez, estoy convencida de que los hombres que ejecutan esa destrucción no la harían si no fueran miembros de bandas que los presionan y los obligan a llevar adelante actos letales contra el cuerpo de las mujeres. Son presiones políticas del bando de género. Cuando marcamos una diferencia entre esos dos tipos de crímenes de género hacemos algo fundamental, porque obligamos a investigaciones detalladas. Lo que se ve en Ciudad Juárez clásicamente es que la policía dice: “Ah!! Un crimen más de género. Sí, estaba celoso el novio, entonces la acuchilló, le sacó los ojos, le arrancó los senos”. Cuando se ponen los crímenes de género sin detalle, en una misma bolsa, se permite a la policía, a los fiscales, a los jueces –como pasa con las fosas comunes, como pasó con la represión militar en la Argentina– a no detallar qué pasa con el cuerpo de las mujeres. Todos son crímenes patriarcales, pero necesitamos tener categorías precisas para obligar a aplicar protocolos de investigación precisos, que es lo que no está sucediendo. Una de las razones por las que la impunidad continúa en Ciudad Juárez es porque no hay investigaciones precisas.

–¿No considera que es importante nombrar los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas como feminicidios a modo de denuncia política y para evitar a mismo tiempo que se los califique en los medios como crímenes pasionales con todo lo que esa conceptualización conlleva? Puede haber ahí una estrategia de visibilización, más allá de la cuestión estrictamente jurídica.

–Sí, sí, es importante mostrar la unidad de universo de estas agresiones. Pero hay un peligro de desgaste del término. Por eso la ley es importante no tanto en la producción de sentencias sino para consagrar categorías, con la potencia con que la ley las sacraliza. Cuando sacraliza una categoría la ley hace un trabajo de ir transformando la sensibilidad ética de la gente. Hoy es una palabra muy fuerte y mañana puede pasar a tener el mismo significado que lo que antes llamábamos violencia doméstica.

 Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/index-2010-02-08.html

Thursday, July 1, 2010

Las mujeres en la historia de Occidente.

Me gustaría ir explorando con Uds las obras de diferentes historiadoras/os en su búsqueda de revelar los desafíos y grandes logros de aquellas heroínas conocida y olvidadas que hicieron historia.

 En el día de hoy, me gustaría hacer un brief sobre la última obra del historiador Bartolomé Bennassar, profesor de Universidad de Toulouse. Su libro se titula “Reinas y Princesas del Renacimiento a la Ilustración”.

Claramente la visión del historiador es pesimista en cuanto al rol que desempeñaban la mujeres de la corona en su gran mayoria. Básicamente  se refiere a ellas como valiosas monedas de cambio cuyas vidas eran sistemáticamente sacrificadas a la razón de Estado y cuyos cuerpos fueron sometidas al acoso sexual para cumplir con su principal misión, dar infantes e infantas en abundancia con el fin de asegurar el futuro de las dinastías y abastecer el mercado matrimonial de las cortes europeas”.
En la entrevista llevada a cabo por Laura Manzanera, el autor señala que era su papel reproductor el que dotaba de sentido las vidas de las mujeres de la corona y también el motivo de que muchas de ellas murieses jóvenes. Entre los ejemplo rescata que entre 1500 y 1700 con excepción de Juana la Loca, la única reina de España que falleció después de su marido fue Mariana de Austria segunda esposa de Felipe IV, tras cuya muerte se convirtió en regente.
El subtitulo escogido para el libro está lejos de ser casual. El lecho, el poder y la muerte, fueron los factores que marcaron la traumática existencia de estas mujeres.  Probablemente por eso el primer ejemplo tratado sea el de Ana de Austria, unida a Luis XIII de Francia y un caso excepcional, porque sus maternidades fueron tardías y escasas y porque vivió hasta los  65 años, lo que resultó ser todo un record.
Entre las poquísimas reinas que lograron escapar a su función reproductora destacaron entre los siglo XVI y XVII, Isabel I de Inglaterra y Cristina de Suecia (aunque el autor hace oídos sobros a otras reinas como las de Rusia) que permanecieron solteras. Las características en común entre las dos regentes eran que reinaban en su propio país y se negaron a casarse y tuvieron varios amantes. Mientras que otras tenían que competir con las poderosas amantes reales.
El segundo punto del análisis de la obra, el poder, se centra en las estrategias matrimoniales marcadas por planes políticos de gran calibre. Los acuerdos matrimoniales evitaban o detenían a menudo enfrentamientos bélicos. Bennassar, sostienen que las mujeres cuyo talento político fue más evidente no se lo debieron a las enseñanzas recibidas, sino a su fuerte carácter.  Entre las que lograron elevarse por encima de sus circunstancias, las más poderosas, señala a Isabel la Católica, Isabel de Inglaterra, Cristina de Suecia, Catalina de Medici, Margarita de Francia, María Tudor y María de Hungría. A la capacidad intelectual de esta última se unían sus dotes de mando, que la convirtieron en la cabeza política de la pareja.

Algunas reflexiones sobre la situación de las estudiantes de Relaciones Internacionales

Agradezco profundamente a mi querida amiga Gabriela Avenia, que se animó a compartir con nosotras los desafios que entrentan muchas de nosotras que decidimos seguir la carrera.

Suele decirse que los años en la universidad son de los mejores años en la vida de una persona. Para aquellos que estudiamos RRII por vocación, y no por evitar una carrera con matemáticas, fue una etapa de consolidarnos como seres pensantes y tolerantes.

Sin embargo, a la hora de tenernos que enfrentar con el mundo real las cosas no son todas tan agradables como aparentan. Sacando el trabajo en fundaciones y partidos políticos, casi exclusivamente Ad Honorem, es poco el trabajo que se puede conseguir que permita continuar con la carrera en los plazos ideales, consecuencia de la necesidad de largas horas de lectura y estudio de nuestra carrear, y por la escasa demanda de trabajo part-time en nuestro pais (en relación a la extensiva oferta).

*Dificultades en el mercado laboral:

Una vez terminada la carrera las chances de integrarse al mercado laboral no mejoran mucho, en particular en el caso de las mujeres.
Dejando de lado el sector publico, la falta de consciencia en las áreas de recursos humanos de lo que un Lic. en RRII tiene para ofrecer hace que muchas veces no se nos contemple (o seamos descartados rápidamente) en búsquedas para las que estamos totalmente calificados (esta situación es particularmente notoria en búsquedas on-line donde el empleador solo accede a una vista previa del CV y tiene que pagar para verlo completo).

En mi caso particular pasé algunos años de infructuosas búsquedas en campos vinculados a la logística y el comercio internacional. Donde con tres idiomas y un titulo de licenciada en RRII la mejor oferta recibida fue para ser telefonista de Maesk, ya que para los trabajos en esas áreas son preferidos hombres a los que se considera poseedores de innatas cualidades negociadoras en contraposición a las mujeres, tenidas como poco hábiles en tales menesteres.

Finalmente llegue a hacerme algo de experiencia dentro de las áreas de Marketing y Operaciones, teniendo como "enganche" mi conocimiento de idiomas y características de personalidad, antes que la carrera finalizada, en una empresa en la cual la mayor parte del plantel era femenino y que al estar comenzando, y no tener un gran presupuesto para pagar a consultoras, se tomaba el tiempo y dedicación para buscar sus empleados sin caer en pre-conceptos y siendo entrevistada por mas de 5 miembros del staff de aquel momento. De no haber sido por esa situación un tanto anómala en el actual mercado laboral argentino, probablemente continuaría con una muy poca experiencia laboral.