Bienvenidas!!!!!!!!!!!!

Este es un espacio para compartir experiencias e informarse, tambíen de analizar actual situación de la mujeres en el mundo academico y tratar de trabajar juntas para que mayor número de mujeres con verdadera vocación cientifica pueden prosperar tanto en sus logros indiduduales como en objetivos generale que beneficie a toda la humanidad.

Saturday, October 2, 2010

Elisa Carrio, liderazgo femenino

La puerta que da al comedor diario se abre. Un rayo de sol me da en la cara y un segundo después Lilita se interpone y queda recortada en la luz. Avanzo encandilado para saludarla. “Así debe ser la aparición de una santa”, pienso y sonrío para adentro, estoy conciente de que mi cara está desnuda en la luz. Veo su pelo recogido, finito, atravesado por el sol, su silueta romboide, intuyo sus calzas y sus ojotas. La voz sonora de Lilita dice mi apellido con un tono de sorpresa pero es una manera de saludar. Me detengo a mitad de camino porque no veo dónde piso. Ella ya está frente a mí. Traía una mano alzada como para abrazarme; menos mal que yo no correspondo porque Lilita está quieta, cabeza alzada, la mejilla lista para un beso y su mano apenas toca mi hombro para mantener la distancia.
Las apariciones no abrazan, que yo sepa. ¿Los líderes? He conocido a algunos, he oído hablar de muchos: salvo por protocolo, los líderes tampoco abrazan; a veces se dejan abrazar.
Ahora con la luz en la espalda, Lilita va arrastrando las ojotas camino al sillón principal en el living de su casa. Las persianas están bajas como en las casas de provincia en verano. De afuera sólo llega un rumor de autos –es la avenida Santa Fe–.
Líder en chancletas, gorda, una líder rara aun para la Argentina, país de mujeres poderosas: Evita, las Madres de Plaza de Mayo.
–¿Lilita, va a tomar algo? –es Cristina de los Hoyos, su secretaria–.
Lilita quiere un té y jamón. El periodista no quiere nada.
Ella es el centro de cualquier universo en el que se instale. Pero en su universo íntimo, su centro es un espacio doble: su living y su cama. En ambos recibe, estudia, diserta, predica, medita, reza, a veces escucha a otros.
La cama como un centro social es algo femenino, propio de princesas y de mujeres acomodadas del interior. La princesa está instalada inmóvil como el sol, los demás la rodean y la sirven. El sillón de tres cuerpos en el living también facilita la conducción radial de Lilita. Aquí ha instrumentado sus complicadas jugadas tácticas de 2007: su controvertida alianza con Telerman (a quien había condenado como aliado de De Vido), las idas y venidas de su candidatura y el armado de su Coalición Cívica.
Es la cuarta entrevista y la última que tenemos para este retrato elaborado a lo largo de varios meses de 2007. La asunción de Cristina, el futuro, la crisis de ARI, son algunos de los temas. ¿Cómo es esta dirigente política, la única que hasta ahora ha llegado muy alto sin ayuda de su esposo?
Las mujeres argentinas que tienen peso político y social tienen la impronta de Eva: la crispación, la furia y la referencia a la muerte. Eva, claro, está cruzada por su propia muerte tan temprana; pero además ella anunciaba que lucharía hasta la muerte por Perón y los destituidos y así fue, literalmente. Las Madres están constituidas para siempre por la muerte: la de sus hijos.
Lilita tiene su dosis de crispación y enojo. En cuanto a la muerte, ya lo veremos más adelante.
Tal vez la crispación y la furia no son un atributo de las líderes argentinas sino un rasgo argentino.
¿Y Cristina Fernández de Kirchner? Es obvio que ella tiene el perfil furioso femenino. Ahora tiene la oportunidad para mostrar su capacidad y estilo de liderazgo.
Lo que ninguna tiene es la ternura de Eva, quizá porque el estereotipo dicta que la ternura parezca debilidad y el enojo, fuerza.

* * *
Eva fue una mujer de su época. Era la esposa de Perón. Su marido la legitimaba; por entonces era la única manera de ejercer tanto poder y era muchísimo. Isabelita no cuenta, fue muy poco más que un instrumento. Cristina también es una mujer de su época en tanto es socia de su esposo en un proyecto común donde su identidad política se funde con la de él.
Lilita es la hija de un hombre dedicado a ser feliz y querido; era generoso y egoísta, centrado en él como un chico o un artista. Ella también tiene los genes de una mujer inteligente, infeliz y eficaz, capaz de parar la olla mes tras mes, año tras año hasta la viudez.
Por el padre está en la política. Para Coco Carrió, aristócrata chaqueño venido a pobre por su despilfarro, la política era una manera de seguir viviendo en una barra ilimitada de amigos. ¿No será así para todos, cada uno/una con su estilo? El de Coco incluía el alcohol, las madrugadas y el andar y andar. Se esperaba mucho de él, rico, culto. Pero él nunca prometió nada. Apenas llegó a diputado provincial, pero en su mesa estuvieron todos los grandes líderes del radicalismo, sus amigos. En ese ambiente se crió Lilita. Balbín la hacía llorar (“hablaba como en un radioteatro”). Illia iba a su casa cuando era presidente. Alfonsín era una figura familiar en su adolescencia. El poder le resulta familiar.
Quizá por su madre tiene una inteligencia superior, tenacidad y el afán de lograr.
Por el padre está en la política literalmente: él le pidió que fuera constituyente en el 94, ya enfermo terminal. Entonces Lilita abandonó la carrera judicial y se estrenó estrella política. Ya se sabe: Alfonsín estuvo contento algunos años, convencido de que había aparecido alguien muy cercano a él con futuro en el radicalismo. Después, fue tarde para arrepentirse. “Soy mujer y soy inmanejable”, dice. “Soy un error del sistema”. De su padre, dice, aprendió la libertad. Mezcla rara. Es muy ambiciosa, y si no roba, no hay de dónde sujetarla. ¿Pero a dónde va?

* * *
Va a la presidencia pero no va como un hombre. Lilita sufre y lo dice; duda, va y vuelve, se comenta a sí misma. Un hombre no necesita explicar por qué busca el poder. Lilita necesita justificarse, no puede quererlo sin más.
El poder tiene la impronta de los hombres y ella no tiene un hombre al lado que la legitime y la autorice. Por eso dice: “Al lado de un hombre exitoso hay una mujer de tailleur; al lado de una mujer exitosa no hay nadie”.
Lilita no está con sus dos hijos más pequeños, los del segundo matrimonio –la mayor parte del tiempo están con el padre en Chaco–, no tiene vida familiar. En un país donde más de uno recompuso su matrimonio a la disparada para llegar mejor a una elección presidencial, ella –mujer– se ufana de no tener marido. Estas carencias coincidirían con la idea de que la política y la familia no pueden ir juntas. Ella describe la falta de una vida cotidiana con sus hijos como un sacrificio hecho ante un llamado superior, y cita al Cristo que le dice a uno de sus seguidores que debe dejar todo atrás.
En parte, no es la persona típica frente al poder. Avanza por los costados. Se acerca y se aleja. Quiere que quede claro que su vida es mucho más que la búsqueda del poder. Por eso dice: “Si pierdo esta elección, no me presento nunca más. Yo hice todo lo posible”, etcétera. Luego confiesa que fue un error.
Lilita parece buscar el sufrimiento: “No me importa ir presa. Me gusta ir presa”. Y por eso años atrás se ha exhibido obesa y mal vestida, porque una mujer sola debe pagar, a los ojos de todos, ella incluida, un precio muy alto para llegar al poder.
Por la misma razón, desde otro modelo femenino, Cristina se pinta tanto. Porque necesita recordarnos continuamente su vínculo erótico con su otra mitad, su fuente de legitimidad. Cristina es dos en el poder, representa a un matrimonio. Lilita quiere el poder y está sola.

* * *
Salguero 1245, un edificio de tres plantas en Barrio Norte. En planta baja, un vasto salón para fiestas. Primer piso, un departamento para los anfitriones. Allí se han concentrado Lilita y la Coalición Cívica hoy, 21 de octubre, elecciones generales.
Es cerca de la medianoche. Enrique Olivera y Gerardo Contegrand hablan en el gran salón. Arriba, Lilita los ve por televisión. Los cómputos se dan por gotas y no incluyen los distritos más importantes. ¿Es una técnica del Gobierno para disimular el triunfo de Lilita en algunas ciudades grandes del país? ¿O es simplemente porque en esas ciudades se corta boleta y el sufragio y el escrutinio son más lentos? Cristina ya ha salido a dar por confirmado su triunfo, exultante y emocionada. Lleva un vestido estampado con grandes rosas de tonos azules.
También Lilita tenía esa noche un vestido de rosas estampadas, las suyas de color bordó. Sentada con las piernas abiertas en un puf frente a un televisor pequeño, Lilita parece ausente con un paquete de Marlboro en la mano. La rodean algunos dirigentes. Su hija Victoria (15 años) duerme con la cabeza sobre su falda. Sobre las mesas, los pocos canapés que quedan se van poniendo amarillos. El dilema de Lilita es si acepta o no el triunfo de Cristina con tan pocos datos oficiales.
En la planta baja, los hombres de Lilita y unos pocos periodistas brillan bajo la luz y el calor de la televisión rodeados por la oscuridad en el enorme salón de fiestas. Semejante amplitud tal vez estaba pensada para un triunfo. Y es un triunfo: Lilita está segunda por primera vez en su historia política. Pero ella esperaba forzar el ballottage y Cristina le lleva mucho más que diez puntos de diferencia. No hay ballottage. No hay festejos.
Por eso, la cara de infinito cansancio de Patricia Bullrich con la ropa ajada (“nos robaron las boletas en La Matanza”) y la cara de resignación enojada de María Eugenia Estenssoro.
Lilita lo veía venir. Las cifras oficiales adelantaban el triunfo de Cristina bien temprano. Las de ARI le daban a Lilita un triunfo rotundo en la Capital, una elección muy buena en la provincia de Buenos Aires, en Santa Fe, etc., que finalmente se probaría cierto. Entonces, ¿de dónde salían los votos del triunfo de Cristina? “Eso es posible si nos dieron una paliza en el Norte y en Mendoza”, había dicho Lilita. Y así había sido.
Sólo con el ballottage podía soñar con llegar a la presidencia. Quizá se había aferrado a esa esperanza. Pero no hay caso: el país no está polarizado. Ella dice estar feliz porque ahora se podrá ir tres meses al mar en vez de cuatro años a la Rosada. Pero no hay festejo pese a que saca más de 4 millones de votos y eso la ubica como la líder más importante de la oposición y la consolida como la primera mujer en fundar y dirigir un partido importante.
Ahora en la Argentina, país bastante machista, de pronto hay dos mujeres que son grandes referentes políticos.

* * *
Lilita tiene el sello de los extremos. Será porque se instaló en la sociedad con un acontecimiento crítico, cruzado por escándalos, por amenazas contra su vida y promesas suyas de escarmiento al poder: la comisión legislativa que investigó el lavado de dinero del menemismo. Quizá sea porque tiene bien presente que en la caída de De la Rúa (y del país), durante el “que se vayan todos”, ella era una de los pocos dirigentes políticos con legitimidad.
Por la razón que fuera –incluso porque la Argentina es un país de extremos–, Lilita se ve a ella misma como alguien que se hará cargo del país en una situación excepcional.
“Argentina es evanescente”, dice. “Parece de mucho poder pero es una obra teatral. Es de cartón”.
Ella ve “un derrumbe”: ve “un escenario de utilería” que se “desmonta por exceso de poder”, por sus “asuntos internos”, su “falta de límites”. Alude a los Kirchner, es obvio: “plenos poderes, Consejo de la Magistratura”. Y sitúa el conflicto en términos bíblicos: “Es David contra Goliat y sólo se le gana a Goliat sin nada, con otras reglas. Sucedió en Misiones: Piña es un testimonio”.
¿Lilita imagina un caos?
“No. Una situación de reacción-contra”.
¿Cuándo?
“El momento oportuno puede ser también el tiempo de Dios”, dice, oracular. “Lo que va a venir en el país es muy difícil y muy maravilloso”.
Esto ve hoy. “Los delitos son cada vez más crueles. La violencia se descontrola porque la droga no tiene control. Se negocia con el delito en el conurbano: paran los secuestros a cambio de que sigan los piratas del asfalto y los desarmaderos. Hay violencia sindical: el tesorero de Moyano aparece asesinado. Hay violencia paraestatal: se pelean a punta de pistola y no puede haber escrutinio. Y no me olvido de aquel que tomó la comisaría (el piquetero D’Elía): Kirchner te dice yo no reprimo y te manda la fuerza de choque”.
Este futuro ve: “Hay un horizonte de conflicto y de más violencia. Temo que la violencia se desmadre y que alguien llame a una guerra contra el delito, contra los corruptos, contra el fin del Estado de Derecho. Hay que evitar que la sociedad legitime la violencia estatal y paraestatal de derecha como si fuera una guerra, antes contra la guerrilla, ahora contra los delincuentes. Por eso lo más progresista hoy es armar un movimiento por la no violencia y la paz”.
Un ex lilito que quiere anonimato cuenta que en 2001 Lilita “sabía” lo que se venía: “Esto se cae, se cae, se cae, decía”. Otro recuerda, con sorna, que en las semanas previas a la caída de las Torres Gemelas ella decía ver “mucho humo”.
Lilita nunca dirá a un periodista que ella tiene visiones –como los videntes, como algunos religiosos–; ya sabe que eso espanta votos. Dice que su idea del futuro surge de un proceso: intuición, información y reflexión. Pero dice también que ella tiene “un secreto” y que “la iglesia lo sabe”. Su confesor es el cardenal primado de la Argentina, monseñor Jorge Bergoglio. No dirá nada más.

* * *
La religión y el misterio de la muerte. En ese cruce se formó Lilita. La muerte le hizo descubrir en ella misma la capacidad de intuir, de “ver”. Tenía diez años cuando en la cocina de su casa le dijo a su mamá: “La tía Nenucha no está dormida, está muerta”, así, tranquila. La madre no la tomó en serio. Recién perdió la sonrisa cuando llegó al dormitorio.
Las muertes habían comenzado dos años atrás. Una compañera de banco había sido violada y asesinada; otra amiga de la escuela iba a morir por meningitis. Después de cumplidos los veinte años, su “amor de mi vida” y cuatro amigos de la universidad murieron una noche en un auto del que ella se había bajado a último momento.
Ahí Lilita aprendió a disociar. En medio de la desgracia aprobaba materias con 9 y con 10. Pero se desmayaba a cada rato. “Entraba en un tercer estado, no estaba viva ni muerta; quería estar con mis amigos”.
Cuando salió gracias al psicoanálisis de ese mundo oscuro, encontró la religión. Es probable que se le haya impuesto mediante alguna percepción mística. Ella sólo dice que fue “una experiencia muy fuerte”.
Algunos amigos del Chaco aún le reprochan que entonces perdió su “mentalidad cartesiana”. En realidad, Lilita comenzaba a construirse un universo donde la religión y la razón van juntas, tal como postulaba el filosófo francés. Sólo que el universo de Lilita es político. Qué mezcla: ese universo tiene los brillos sombríos del apocalipsis y las alegrías exaltadas de la redención, pero también los equilibrios y los malabarismos de la razón. Posiblemente nadie haya incluido así lo religioso en la política argentina y llegado tan lejos.
Lilita adapta su discurso a su auditorio. Sus dirigentes más cercanos no son creyentes y, sin embargo, valoran su solidez intelectual; incluso los que se fueron de ARI. Fernando Melillo, hoy legislador oficialista: “Su muy buena formación le permite hacer puentes intelectuales para explicar sus virajes ideológicos”. Su magnetismo alcanza a intelectuales y a religiosos de muchos credos. Otro dirigente que la dejó: “Su poder interno se basa en su claridad intelectual: los deja mudos con su discurso racional”.

* * *
Los tribunales de Retiro, 27 de agosto de 2007. Lilita en juicio oral, a dos meses de las elecciones se la juzga por calumnias e injurias. La acusa Héctor Antonio, dueño de una pesquera a quien ella vinculó con el asesinato –aún impune—de Raúl Espinoza, otro empresario pesquero de Santa Cruz.
Espinoza le había prometido a Lilita información sobre un presunto sistema de corrupción que derivaba dinero de la industria pesquera hacia el kirchnerismo. Fue asesinado por un sicario en la calle pocos días antes del plazo de esa entrega. Espinoza también le había dicho a Lilita que Antonio había querido comprarle su parte en su empresa y que él se había negado.
Lilita brilla toda de blanco al llegar a la sala de audiencias. Minutos antes, en su casa, hacía chistes: “¿María, llevás mi pijama a rayas?”, o teorizaba: “Nunca más libre que presa”. Pero ahora se la ve seria cuando se sienta entre sus abogados; intenta una sonrisa y le sale mal. ¿Tiene miedo? Seguirá el desarrollo del juicio retraída. Ni siquiera se altera cuando su acusador, Héctor Antonio, explica que le ha puesto “Lilita” a una yegua de carrera para mostrarle a la acusada que todos somos vulnerables.
Sólo sale de ese estado cuando Antonio se ve obligado a admitir ante el juez que había mentido y a reconocer que después del crimen le compró a la viuda de Espinoza su parte en el frigorífico. Allí mira fijamente sin emoción a su enemigo herido.
Mal día para Antonio. ¿Qué lo habrá llevado a iniciar este juicio en un caso tan peligroso para él? La única persona que puede salir bien parada de esto es Lilita. Después de esa admisión será difícil condenarla por calumnias, y menos tan cerca de las elecciones. Antonio ha juntado las palmas a la altura de los ojos envolviendo su nariz. Parece protegerse de un mal olor o rezar. Así devuelve la mirada.
Llegó el momento del alegato final. Ahora Lilita revive, recupera su persona, habla con severidad, su índice sube y baja sobre el escritorio como un hacha o un cuchillo. “Soy la primera líder política sentada en el banquillo de los acusados“, dice. Formalmente tiene razón: ningún otro llegó a juicio oral. Pero Menem fue acusado de asociación ilícita –y preso– hasta que lo salvó una Corte adicta. Sin embargo, la metáfora es válida por lo que sugiere: en un país siempre cruzado por escándalos de corrupción política, este juicio por calumnias parece una enormidad y una ironía.
Lilita se deja llevar por sus temas: “Me da alegría dar testimonio por otros con riesgo de mi propia carrera política pero también de mi propia vida”. Esto es cierto quizá si se refiere a los días en que investigaba el asesinato de Espinoza. Ahora tampoco corre peligro de ir a la cárcel. Antonio sólo pide para ella un año y medio de prisión (en suspenso). En cuanto a su carrera, el juicio no hace más que beneficiarla. Lilita habla de la impunidad y de su decisión de hablar sin fueros. “Hablo como ciudadana de la Nación y seguiré haciéndolo toda mi vida” (pronuncia la V corta). Lilita tiene algo de Balbín en su oratoria, por algo la hacía llorar de chica: abre largos silencios después de las frases más rotundas y mira a su audiencia, calma y severa; cambia de ritmos y de tonos, transmite emociones. Pero tiene estructura y claridad, no las frases vacías ni las disgresiones de Balbín.
Al cabo de dos horas de cuarto intermedio el juez la pronuncia inocente. Lilita empieza a llorar. Al principio es un fluir de lágrimas sin gestos; enseguida es un sollozo y se tapa la cara. Llora y llora abrazada a sus abogados y a sus amigos que son mayoría en la sala. Llora en los pasillos y en las escaleras y en la calle, rodeada de cámaras de TV. “Lloro”, dice, “porque siento la presencia de Dios. Dios te lleva hasta extremos increíbles pero luego te…”
Sólo Lilita se anima a mostrar ese llanto desnudo –no los ojos húmedos ni la lágrima solitaria sino el llanto que transforma la cara, como lloramos todos de chicos–. Ninguna otra dirigente política se anima a mostrar así sus emociones profundas. Eva era púdica llorando pero era más impresionante aún porque en su último tiempo su voz quebrada era un llanto dolorido palabra por palabra.

* * *
Lilita no es una dirigente tradicional. Sus enemigos coinciden en que “no tiene método” para construir poder. Sus amigos le encuentran una vuelta positiva: “Es una excéntrica: se convierte (al catolicismo), engorda, adelgaza, se sale del partido, renuncia a su banca, crea otra estructura. Experimenta en política con ella misma”.
¿Lilita cambia? Mario Cafiero, un fundador de ARI que se alejó, dice que ella fue saliendo de una izquierda inicial “tal vez porque vio que la sociedad iba hacia el centro”. Y dice citarla textualmente: “Hay cosas del poder –decía ella– que yo voy a respetar. No vengo a hacer un cambio revolucionario. Olvídense de que alguna vez cantamos la canción del Che Guevara”; fue en el primer congreso de militantes de ARI. Fernando Melillo sostiene como muchos otros ex lilitos que ella está “obsesionada con Kirchner”, que “actúa en espejo” con él haciendo lo opuesto. Y que su “giro a la derecha” fue obligado porque Kirchner ocupó la izquierda.
Lilita dice que sus principios no cambian; que su idea de la Coalición Cívica se remonta a los albores de ARI. Y que antes que la ideología están la honestidad, la distribución del ingreso, etcétera. No cree que la ideología participe siempre en la manera de encarar esos problemas. Sostiene que aquel izquierdismo de los albores era de un sector de ARI “que quería usarme y sacarme”.

* * *
Sentada en su living, Lilita se sube las calzas negras para disimular un rollo. Llama otra vez a su empleada y pide más té. Falta muy poco para el fin de un año con varias campañas electorales. Hoy Lilita no tiene maquillaje. Sus ojos están desnudos sin rimmel y tiene los párpados algo hinchados. Su entonación no tiene el énfasis habitual. Tiene un aire vulnerable. Parece cansada. Está regenerando su energía, dice, y vuelve a su tema.
“Yo soy la única líder suelta, libre –sin necesidad de pactar–, que polariza naturalmente con la figura presidencial porque somos dos mujeres”, dice.
Bien claro. Ella se ve como la antagonista.
Uno podría creer que para llegar a la presidencia Lilita necesita una hecatombe.
“Siempre tengo varias alternativas”.
El té se está enfriando en la mesa ratona.
“Ahora: vos viste que mi vida es una historia maravillosa. Es difícil. Llena de ataques, de peleas contra los malos. Hacés campaña, te roban los votos, tus ex maridos te quieren. Yo nunca pensé...”
¿Qué se imaginaba Lilita?
“Ser juez…”
¿Juez?
“¿Viste cómo Dios te lleva?”

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=980953 

Wednesday, September 8, 2010

Se han ocultado los textos islámicos tradicionales para justificar una estructura patriarcal y machista.

Me gustaría compartir con Uds un articulo que escribió Ndeye Andúyar sobre el feminismo islamico un tema poco difundido en América Latina .
Ndeye Andúyar es Directora de Webislam, primer portal islámico en lengua castellana, es cofundadora y vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana.

Hablar del feminismo islámico desde Europa no es un discurso demasiado fácil? Lo digo porque no sé si hay muchas mujeres occidentales dispuestas a vivir en países islámicos…

Yo he vivido en Senegal y claro que te tienes que adaptar a una serie de cuestiones culturales, pero al igual que me ha ocurrido en Francia. Yo viví un Islam de la calle, de los barrios, no era intelectual ni político. Allí hay muchas cofradías sufis. A mí lo que más me sorprendió era la naturalidad con la que se vivía el Islam, había una gran tolerancia, y en sociedades donde hay problemas económicos la gente se ayuda mucho. De hecho, el deber de acogida es una obligación en el Islam.

Ahora ocurre con los que vienen en pateras…

Sí. Son redes de ayuda importantes.

¿El término feminismo es compatible con cualquier religión?

Es una lectura demasiado moderna para algunos. Pero hay movimientos de feministas católicas en España que reivindican poder dirigir una misa por ejemplo. Hay que romper el estereotipo de que sólo se puede ser feminista si es laica. Hay judías, católicas, musulmanas… El feminismo islámico forma parte del feminismo universal. El sufragio universal lo reivindicaron feministas católicas en EEUU…

Eres musulmana, catalana y no llevas velo…

Soy musulmana pero en la vida diaria no me presento sólo como musulmana. Es una de las razones por las que prefiero no llevar velo porque no me gusta que me reduzcan sólo por mi aspecto religioso, prefiero pasar desapercibida y, además, en ciertos contextos puede ser hasta contraproducente porque puede producir el efecto contrario. En Senegal me ponía el velo en la calle porque era lo habitual y era una manera de manifestar mi respeto por esa cultura.

Aquí la polémica sobre la validación del velo islámico en las escuelas públicas parece haber quedado a potestad de los centros…

Residía en Francia cuando se aprobó la ley y he seguido el debate posterior en el resto de Europa. Aquí [en España] se complica por el peso del catolicismo. Si se decide que ningún signo religioso tenga cabida en el espacio público, entonces las monjas tampoco tendrían acceso… Ahora bien, yo distingo entre un signo religioso fijo y otro móvil, por ejemplo en un edificio público lo lógico es que no se haga proselitismo, que no haya una cruz colgada, etcétera. Pero otra cosa es lo que hagan los ciudadanos, si lleva colgada una cruz o un velo es la libertad religiosa para poder expresarla sin ofender a nadie.

¿Que una mujer tenga que cubrirse no significa en el fondo un pudor, un no enseñarse socialmente, algo que no se exige a los hombres…?

Es una opción personal. Depende de la importancia que se le dé y de lo que signifique llevar un velo; es como llevar una minifalda, es muy simplificador identificar el velo con una separación de sexos. En Francia, por ejemplo, hay movimientos de jóvenes que se lo ponen como quien lleva un cartel anunciando que quiere casarse, y es un código entre jóvenes. Hay mil lecturas del velo; hay quienes se lo han puesto a partir de la ley que prohíbe llevarlo en las escuelas como reacción contestataria… Hay quien cree que es más pudorosa así, lo importante es la no imposición. Hay mujeres que lo llevan contra la opinión de los maridos que no quieren que la sociedad les estigmatice. La solución es libertad.

Reivindica la lucha del feminismo islámico desde los países occidentales -receptores por otro lado de una inmigración creciente- como motor de cambio de lo que denomina la Alianza de las Civilizaciones…

Sí, yo creo que es uno de los puntos clave de la integración y de la normalización del Islam en Europa porque uno de los temas por donde se ataca el Islam es la mujer, además del terrorismo. Todo aquello que gira en torno a la familia y el derecho familiar tiene una repercusión dependiendo de qué lecturas se haga del Islam. Por ejemplo, en temas como el divorcio, en la custodia de los hijos, pensiones alimenticias, que haya colectivos minoritarios que obliguen a las niñas a casarse cuando están de vacaciones con el primo del pueblo, o mutilaciones genitales… Si eso se justifica en nombre de la religión, el feminismo islámico en Europa tiene algo que decir para convencer de que esas prácticas no forman parte del Islam, son tradiciones culturales pero no islámicas, para que no utilicen la religión para esos fines. También está el tema de la nacionalidad porque en España el matrimonio mixto es válido pero hay mujeres que tienen que casarse con un musulmán obligatoriamente.

¿Qué está ocurriendo en España entre las nuevas generaciones?

En España hay mucha inmigración femenina y ahora tienen otras preocupaciones como encontrar trabajo, alojamiento, papeles… Sin embargo, la siguiente generación, gente joven que va a la Universidad y que son españoles musulmanes, se van a plantear toda una serie de cuestiones, y una de las claves del feminismo islámico es que permitirá no oponer religión a identidad nacional.

¿Hay una Europa musulmana que ignoramos?

Se calcula que hay unos 15 millones en Europa de musulmanes entre las nuevas generaciones. Hay gente que se rasga las vestiduras por ejemplo con el tema de la educación religiosa en la escuela pública, con abrir mezquitas o autorizar enterramientos cuando desde 1992 las comunidades musulmanas tienen un acuerdo de cooperación con rango de ley con el Estado y son derechos legales que están firmados. Si no se cambian las mentalidades es papel mojado.

Se asocia inmigración con religión, y a musulmana con relación misógina.

El problema que tenemos en España es que se vincula Islam con inmigración y no se puede simplificar. Dentro de la inmigración hay ateos, judíos, etcétera. Incluso a veces resulta paradójico que chicas francesas que se van de viaje al pueblo de los padres o abuelos (Túnez, etcétera) y se encuentran con que las chicas de allí, le preguntan la razón por la que llevan el velo y las critican a ellas por no llevarlo, es decir, están haciendo una lectura del Islam más cerrada en Francia que en algunos países de mayoría musulmana donde, por otro lado, hay una gran diversidad. Como hay gente que lucha por la igualdad de género en estos países de mayoría musulmana…

¿Es una forma de rechazo al modelo occidental de mujer moderna?

Hay que preguntarse porqué las nuevas generaciones de países europeos están haciendo una lectura hacia atrás en esa evolución y se esconden detrás de la religión para buscar una identidad que no se les acepta. Todos tenemos una responsabilidad muy grande, el ámbito político, social…

¿Con el terrorismo ha ocurrido algo similar?

Es un tema más complicado. Muchos de estos jóvenes que luego se han vuelto radicales en países occidentales ni siquiera eran practicantes del Islam, no eran religiosos. Otra cosa diferente es que no encontraran su lugar en la sociedad.

¿Qué opinan sobre el divorcio, la homosexualidad y el aborto?

Si no se exige la igualdad en todos los sectores y ámbitos religioso, político y social no estaremos hablando de feminismo. No hay que confundir feminismo islámico con feminismo islamista que es un feminismo del Islam político con el que no me identifico y donde las mujeres no son iguales a los hombres sino que hay una relación de complementariedad, es decir el marido se va a trabajar y la mujer se queda en casa a educar a los hijos. Estas mujeres reproducen el discurso mayoritario, machista…

Le preguntaba por el aborto…

En la historia del Islam el aborto siempre ha existido e incluso en siglo VII se hablaba del coitus interruptus. Lo que es nuevo es su prohibición, otro debate son los plazos que tiene que haber o dónde están los límites para decidir si ese feto tiene alma… Hay sectores ultra conservadores que han heredado del puritanismo cristiano ciertas creencias que no tienen que ver con la tradición islámica. Y el divorcio es un derecho de las mujeres, incluso en el Corán aparece que las mujeres se pueden divorciar. La jurisprudencia no se basa sólo en el Corán sino sobre todo en los hadices del profeta. Dentro de la propia tradición islámica se ha hecho una selección para confortar la lectura machista mayoritaria, pero desde el siglo VII hubo unos avances que ahora se están perdiendo. Y es una lectura actual.

¿Hay mujeres que blindan sus costumbres, también las que le perjudican, creyendo que así conservan mejor sus esencias culturales?

Yo creo que lo mejor es que tengan libertad siempre que se cumpla la ley, pero que tampoco se diga que eso es Islam. Lo mejor es la educación. Algunos musulmanes que llegan aquí ni siquiera han leído el Corán. Fui una vez a dar una charla a un colegio en el Raval de Barcelona, donde hay muchos paquistaníes, para hablar de feminismo islámico a niños de ocho años. El problema era que las niñas no hacían gimnasia y decían que no se podían ir de excursión porque el Corán lo prohibía. En realidad, no tenían ni idea del Islam y recitaban oraciones sin conocer su significado. Decían las niñas que las mujeres no podían ir a las mezquitas: era primera noticia les dije, porque en los países de mayoría musulmana las mujeres acuden a las mezquitas… Las niñas no iban los viernes sino los domingos porque decían que estaba prohibido. Al no haber espacio suficiente, en su origen sólo era obligatorio acudir a la mezquita los viernes para los hombres, pero esa realidad en Cataluña se ha convertido al cabo de los años en otra idea: el Islam dice que las mujeres tienen prohibido el acceso a la mezquita cuando hay hombres… Además, se sabe que desde el siglo VII las mujeres iban codo con codo con hombres… Toda esa tradición islámica se ha borrado. Es la no educación.

¿Hay países más respetuosos con esa tradición?

En países de mayoría musulmana las mujeres van a las mezquitas. La primera vez que fui a una mezquita fue en Senegal, y en Cataluña nunca he podido entrar en ninguna. En ningún país de mayoría musulmana se obliga a ninguna mujer a llevar el velo, excepto en dos.

¿Pero hay Estados islamistas que imponen normas excluyentes?

Hay lecturas radicales del Islam para justificar el poder, son todas las dictaduras que se sustentan porque hay todo un cuerpo de ulemas y de sabios que dicen que eso es así…

¿Qué implantación tiene en España el feminismo islámico?

Son ámbitos más de reflexión. Estamos en contacto con el feminismo laico para ver qué estrategias se pueden poner en común. Y anticipar problemas viendo los modelos de convivencia que ha habido en Europa y que han tenido sus fallos… Todos los sectores son importantes, empezando por el académico universitario, que hasta ahora ha tenido una lectura muy similar a la fundamentalista con todos los estereotipos del Islam violento, misógino…Luego está la responsabilidad de los medios para utilizar una terminología correcta. Y de las propias comunidades musulmanas tienen que hacer un debate interno y llegar a unos mínimos aceptables dentro del marco legal europeo.

¿Dinamitar desde dentro sin copiar el modelo cultural occidental?

Somos los enemigos número uno del fundamentalismo islámico porque es fácil en países de mayoría musulmana desacreditar el feminismo laico occidental porque se acusa de colonialismo, invasión, imperialismo, ¿qué ocurre si la voz viene desde dentro y hablamos de los versículos del Corán…? Ha habido una selección de los propios textos islámicos para corrobar esa estructura patriarcal, y se han ocultado otros…

¿Confía en que la mujer acceda a las estructuras de poder para el cambio?

Pero puedes acceder al poder y mantener las mismas estructuras. En Egipto las mujeres pueden emitir fatuas. Yo leí en una ocasión un pronunciamiento legal (emitido por una mujer) ante una consulta de una mujer sobre su marido que le prohibía que siguiera estudiando después de casarse y preguntaba qué tenía que hacer porque quería divorciarse. Pues bien, la autoridad religiosa respondió que lo que tenía que hacer esa mujer era inmediatamente tener hijos y, como estaría tan ocupada, esas tonterías se le quitarían de la cabeza. Eso no es feminismo islámico, es reproducir las mismas estructuras mentales. Y eso lo están haciendo los movimientos islamistas que utilizan el Islam con un enfoque político. Para empezar no hay autoridad, como creyente coges el Corán y lo lees. Hay que democratizar la lectura del Corán que no sean un grupo de clérigos, los ulemas los que decidan la vida de los demás.

¿Falta una vía intermedia entre el enfoque ultraconservador radical y el modelo colonial neoliberal…?

Piensan: salvemos nuestra identidad y cultura frente al invasor y la mujer tiene el papel de la madre que es una tradición que nos quieren cambiar los occidentales. La mujer no tiene ninguna salida: o se va con el “enemigo” o se queda con “los amigos” pero haciendo algo que les está pudriendo la vida: no pueden estudiar, trabajar… Y tienen ese conflicto interno. El feminismo islámico lo que dice es que puedes seguir siendo creyente pero no significa aceptar determinadas normas.

¿Es optimista con el futuro?

El hecho de que haya tanta lectura ultra conservadora es un síntoma de que justamente el feminismo islámico es imparable, si no hubiera reacción, no sería efectivo. En Irán, hay un 60% de mujeres universitarias y tienen una capacidad de reflexión que por desgracia no tiene una mujer analfabeta y cargada de hijos. Mujeres que entran en el mundo laboral y con independencia económica. Además, el feminismo islámico va más allá que una cuestión de género. Es una reivindicación de una sociedad democrática, de justicia social…

La protagonista

Carné de identidad
Edad. 36 años.
Lugar de nacimiento. Cataluña.
Carrera profesional. Licenciada en Lingüística General por la Universidad de Barcelona y cofundadora y vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana. Es profesora de español en París. Codirectora de los Congresos Internacionales de Feminismo Islámico celebrados en Barcelona. Directora de Webislam, primer portal islámico en lengua castellana. Es también jefa de estudios del Curso a Distancia de Experto en Cultura y Religión Islámicas, que imparte la Universidad Camilo José Cela, en cooperación con Junta Islámica de España.Trabaja activamente en asociaciones musulmanas para la igualdad de género y la enseñanza del Islam en la escuela pública. Traductora y conferenciante.

Las frases

“En el Corán aparece que las mujeres se pueden divorciar y el aborto existió”

“En Cataluña nunca he podido entrar en ninguna mezquita, y en países musulmanes sí”

“El velo es una opción personal, como llevar minifalda… lo mejor es que haya libertad”

“Las mujeres iban a las mezquitas codo con codo con los hombres desde el siglo VII”

Fuente:http://ndeyeandujar.wordpress.com/2009/03/08/se-han-ocultado-textos-islamicos-tradicionales-para-justificar-una-estructura-patriarcal-y-machista-2/

Friday, July 16, 2010

Karen Armstrong: De Monja a Historiadora de las religiones.


Si le tuvieron que preguntar a Karen Armstrong por qué dejo el convento ella respondería que fue por la crueldad de la religión. A partir de entonces ella se dedico al estudio de las creencias “como terapia” y hoy a sus 62 años su saber es apreciado en las más altas esferas pues a algunos de los principales focos de tensión mundiales, como oriente Medio y al- Qaeda, tienen una dimensión  religiosa innegable.

En su último libro La gran Trasformación”, Armstrong revendida el mensaje de los antiguos profetas resumido en un término de hoy suena un tanto extraterrestre: compasión.

Estas personas que vivieron hace más de dos milenios intentaron seriamente encontrar respuestas en la religión: se embarcaron en un viaje interior a la búsqueda de una sanación espiritual para el alma de sus sociedades. Nosotros ahora perseguimos curaciones pero solo en el ámbito científico, para nuestro cuerpo: queremos acabar con el cáncer pero hemos olvidado nuestro lado espiritual.

A medida que se familiarizaba más y más con estos personajes Armstrong se sorprendió el encontrar un nexo común muy claro entre los profetas y este es nada menos que sus ausencia de preocupación por lo divino: Si hubieran interrogado a Buda o a Confucio acerca de su creían en Dios, les habría parecido una cuestión bastante trivial. A ellos este tema no les interesaba, como en general tampoco les preocupaba ni la teología, ni la metafísica. La escritora amplia esta consideración a los profetas del judaísmo: Si alguien hubiese preguntado a Amós o a Ezequiel si eran monoteístas, se habrían quedado igual de perplejos.

En este punto, Armstrong recuerda una frase de Buda, y da la impresión de que por hoy le sería más difícil adaptarse a la vida de un misterio budista que a la de uno católico como el que habitó en su juventud. Se trata de una cita que ilustra el cansancio del profeta a lo que ya en su época debían se interminables polémicas sobre la existencia de un ente superior: “Acabad con la especulación sobre si hay un Dios o no”, dijo el extenuado  Buda a algunos de sus tercos seguidores. La historia se desarrolla así: uno de sus monjes lo interrogó acerca de si había un Dios, y cómo había creado este el mundo; él le contestó que insistir en preguntar eso era como si un persona la que hubiesen herido de un flechazo no quisiera que nadie la curase hasta saber el nombre del quien había lanzado la flecha y en qué ciudad había nacido. Al atribulado monje le recomendó también que no dedicase tanto tiempo a calentarse la cabeza con esas disquisiciones y que mejor realizara unos cuantos ejercicios de compasión. Esta actitud de educada indiferencia hacia los asuntos divinos se debía a que lo que importaba no era lo que uno creía, sino el comportamiento. La religión consistía en hacer cosas que te cambiaban a un nivel profundo.  En este sentido Armstrong recuerda otro punto de coincidencia entre todas las religiones de esa época: La única forma de encontrar lo que ellos llamaban Dios, Nirvana, Brahmán o el Camino era vivir una vida compasiva. En realidad, la religión era compasión.

Thursday, July 8, 2010

Relaciones de poder entre madre e hija. Entrevista a Alicia Kauffman

"Identidades en transformación: mujeres y hombres directivos”

 “La relación entre madres e hijas constituye la madre de todas las relaciones. Es una de las más apasionadas y viscerales en la vida de las mujeres, aquella por la cual se puede experimentar desde el amor más profundo a la más profunda de las rabias, e incluso el mayor de los odios”, según Alicia Kaufmann, catedrática de Sociología, coach e investigadora social, que en su reciente investigación “Identidades en transformación: mujeres y hombres directivos”, aborda, entre otros, los dilemas que las madres profesionales han de atravesar en sus vidas hacia la alta dirección.
La investigadora profundiza que si bien madre e hija tienen la misma conversación, la interpretación de la misma, puede ser totalmente diferente. “Se trata de relaciones en donde el “poder” y la “distancia” se negocian continuamente”. De ahí que su objetivo al abordar este dilema sea con la intención de mejorar la comunicación entre madres e hijas, ¡qué mejor regalo para el día de la madre!, a la vez que también hacer más fluida las relaciones con las mujeres de nuestro entorno, especialmente en el marco profesional.
La relación con la madre obliga a la hija a afrontar cuestiones fundamentales sobre quién es, quién quiere ser y cómo se relaciona con los demás. Es un vínculo de enorme importancia a lo largo de toda la vida de cualquier mujer, incluso tras el fallecimiento de la propia madre. Similar es la situación de las madres, aún cuando sus hijas ya sean ellas mismas adultas y madres, explica Alicia Kaufmann. “Una primera conclusión es que el vínculo entre madre e hija está muy cargado emocionalmente, dado que combina una intensa conexión con una implacable lucha por el poder, sobre todo a partir de la adolescencia”.
Madres e hijas, mejor si se entienden
A veces al ser interpretaciones tan distintas de las mismas conversaciones, continúa Kaufmann, hacen que la frustración resulte frecuente entre ambas. Para una hija los comentarios de su madre resultan importantísimos, por eso cualquier juicio emitido por ella, puede sentar como “una cadena perpetua”. Las hijas tampoco se quedan cortas y pueden emitir generalizaciones muy hirientes.
Una primera consecuencia radica en que ambas tienden a sobre valorar el poder de la otra y a infravalorar el propio poder. La relación entre madres e hijas puede ser una gran fuente de consuelo, pero también puede causar un gran sufrimiento. De nadie más hablamos con tanto cariño, pero a veces también con tanto resentimiento, como de la propia madre. La actriz Liv Ullman definió aquello que cualquier hija desea idealmente que su madre dijera: “Le pase lo que le pase, ella sabe que puede confiar en mi, que no la voy a juzgar y que siempre va a recibir todo mi apoyo y ayuda”. Ambas sienten profundamente las emociones de la otra. “Cuando yo misma llamaba por teléfono a mi madre, o ahora a mi hija, por mi tono de voz, ellas se daban cuenta cómo era mi estado de ánimo y viceversa. Otras veces, hubo llamadas a 12.000 Km. de distancia preguntando si me encontraba bien y efectivamente en ese momento me encontraba fatal. Durante toda mi vida sentí como si hubiese una conexión energética entre ambas, y muchas veces sentía que sus emociones eran transferidas directamente de un corazón a otro, como si se fuera una cuenta de banco emocional”.
Otra de las constantes que aparecen en esta relación es la permanente búsqueda de aprobación, que a veces permanece en las mujeres hasta edades avanzadas, buscándola en otras personas del entorno, creándose así una fuerte frustración cuando no se recibe. La clave radica en saber si se ha establecido una relación saludable o no con la madre y si ésta ha proporcionado el grado de contención necesaria para los hijos, lo que a su vez estos podrán transferir a sus propios hijos y a otras personas de su entorno. Si esta figura ha faltado, sería necesario para la persona en cuestión, encontrar un sustituto de modelo de rol para poder llegar a una madurez emocional.
Madres omnipresentes
En cuanto a las madres, su influencia resulta omnipresente y a veces les resulta difícil aceptar que han ido perdiendo autoridad y que ésta no es la misma que cuando sus hijos eran pequeños. A consecuencia de ello, muchas mujeres de mediana edad se sienten perseguidas por un doble hostigamiento: por una parte, de sus hijas adolescentes y, por otra, de sus madres ya mayores. Con lo cual ambas relaciones, pueden ser en un determinado momento “de alto riesgo”.
Las madres deberían “evitar” el impulso de dar consejos una vez que las hijas se han convertido en adultas. Por otra parte, no hay nada que se viva peor que un “consejo no solicitado”. La hija en realidad no quiere consejos, quiere aprobación y amor. Con los hijos pequeños esto resulta fácil, dado que se debe hacer todo lo posible por protegerles, en cambio, si haces lo mismo con una hija ya adulta, ésta probablemente montará en cólera, dado que lo que ella necesita es poder “demostrar que ya no necesita protección”.
A las madres les cuesta adaptarse a este nuevo estado de cosas, avanza Alicia Kaufmann. Si las hijas responden con tanta visceralidad a las palabras de las madres, es porque lo que les dicen las madres aún les importa mucho. Los cumplidos de las madres tienen un efecto casi mágico sobre las hijas, partiendo del supuesto que la relación entre ellas es compleja por el mero hecho de ser mujeres. En tanto que las hijas se quejan porque se sienten criticadas, las madres a su vez se quejan porque se sienten excluidas. A las madres les cuesta aceptar que sus hijas han ampliado sus redes sociales y que ellas ya no son las protagonistas, como cuando sus hijas eran pequeñas. Sienten un gran dolor al sentirse dejadas de lado.
A las madres a veces se las considera como una especie de secretarias, a las que se puede interrumpir cuando se quiere (quitar sobra) y siempre están disponibles. A medida que ambas se van haciendo mayores y sus vidas van evolucionando, ambas van flexibilizando sus roles, adecuando el grado de distancia e intimidad entre ellas. “La sabiduría que viene con la edad, consiste en disfrutar más e irritarnos menos”, dice la experta. Esto se logra cambiando la forma de comunicarse. A veces las hijas sin darse cuenta, dejan de lado a la madre para “aliarse con el padre”, convirtiéndose éste ultimo en favorito. El hecho de ser consciente de determinadas acciones puede transformar completamente las dinámicas que se producen en una familia. Cada pareja de madre e hija, tendrá que decidir y llegar a un acuerdo sobre cuál es el grado de conexión adecuado para ellas.

 Fuente: http://www.wim-network.org/

Sunday, July 4, 2010

Entrevista con Rita Segato sobre La despenalización del aborto y feminicidio

.
¿Por qué la Iglesia Católica se opone con tanto fervor a la despenalización del aborto?

–Por dos razones. Leí en una nota que usted escribió que hay casi un aborto por cada parto en la Argentina. Ese dato me confirma lo que pienso. La discusión sobre la criminalización o descriminalización del aborto poco tiene que ver con la práctica del aborto. Es evidente que el aborto está criminalizado en la ley desde hace unos 90 años y eso no significa nada. Como muchas otras, esta ley no tiene, por sí misma, capacidad de controlar lo que las personas de hecho hacen. Es un caso clásico de una ley que tiene otra finalidad. Sabemos que las mujeres abortan todos los días y, tal vez, cada día más. Católicas, no católicas, evangélicas, un día tienen una situación muy complicada, consideran que Dios tendrá que perdonar y hacen un aborto. ¿Cuándo una ley es eficaz? Cuando transforma la sensibilidad ética, es decir, las ideas de lo que está bien y lo que está mal. Una ley que repite y repite “no matarás” es eficaz si consigue convencer a las personas de que no es bueno salir a la calle con un revólver y darle un tiro a alguien por una cuestión de una vendetta, que ésa no es la mejor manera de resolver un conflicto. Una persona deja de matar cuando la sensibilidad ética se transforma, no porque está pensando que puede ir a la cárcel. La ley no tiene un impacto de causa-efecto sobre el comportamiento, como se piensa de una forma simplista. La ley del aborto es un caso típico de que su eficacia es de otro tipo porque no ha transformado y nada indica que transformará la sensibilidad ética de las personas al punto de pensar que abortar significa cometer un asesinato, porque no lo es. Lo que tenemos que entender es que la discusión es sobre dos temas: por un lado, quién controla a los legisladores, quién tiene el poder en la Nación de inscribirse en la ley, de decir a unos señores que tienen la lapicera en la mano para escribir una ley, que escriban la ley que les interesa. La Iglesia entra en una competencia de autoridad con el feminismo, con las mujeres, y dice: “Yo mando aquí todavía y voy a escribir la ley de una forma en que mi perfil ideológico esté retratado, y voy a ganar”. El relanzar hacia el futuro la criminalización del aborto significa mantener la influencia. Es una guerra de influencias.

¿El eje central de la posición de la jerarquía católica entonces no es la defensa de la vida?

–Si le importara, la jerarquía católica estaría en otros frentes con la misma beligerancia, defendiendo la vida. Le interesa marcar en este momento la permanencia de su influencia en el Estado argentino.

–¿Y cuál es la segunda razón?

–La tendencia mundial de todos los credos, de todas las Iglesias, al fundamentalismo. El territorio fue por mucho tiempo un pedazo de tierra, propiedad directa, pero hoy los pueblos se desplazan, hay gran movilidad, hay formas de autoridad paraestatal: la Iglesia es una autoridad paraestatal que atraviesa territorios, es un Estado trans-estatal. ¿Qué quiere decir? Que su dominio territorial debe afirmarse en su dominio sobre cuerpos como territorios. Un tema permanente en mis trabajos es la gran afinidad que existe entre el cuerpo de la mujer y el territorio. Cuando marco con mis banderas, con mis insignias el cuerpo de la mujer, estoy marcando su anexión a mi capacidad de Estado transnacional. Y una de las formas de todas las religiones y no sólo de la católica, es marcar los cuerpos siendo esta marca omnipresente. El Islam es el que ha sido más visibilizado con estas políticas, donde hay mujeres que tienen que usar determinado tipo de vestimenta. Uno de los rasgos centrales del fundamentalismo es su ansiedad por marcar con insignias los cuerpos de las mujeres. Y uno de ellos es que las mujeres tengan muchos hijos, no practiquen determinados actos, se vistan de determinadas maneras, adhieran a determinada normativa, no por una razón teológica, ni doctrinal ni moral, sino por una razón territorial.

–¿Cuáles son los puntos de encuentro entre el cuerpo femenino y el territorio?

–Lo que da los puntos de encuentro son las prácticas. Muchos han dicho que en las visiones culturales, la mujer siempre está asociada a la Naturaleza, es el gran útero, la Madre Tierra, se la vincula con una cierta pasividad de la Naturaleza frente a la acción del Hombre. Yo no hablo de la tierra, me refiero al territorio en sentido político. Las prácticas guerreras muestran la manera hegemónica de entrar el cuerpo de la mujer en la ideología, en la representación colectiva: siempre tuvieron ese correlato de la conquista de un territorio, la anexión del cuerpo de las mujeres, la inseminación por violaciones individuales o colectivas, su esclavización para servicios sexuales. Un ejemplo clásico es la guerra de Japón contra Corea y la anexión de las mujeres coreanas para servicios sexuales.

–Lo mismo se puede observar en la llamada Conquista del Desierto.

–Claro, también los araucanos, antes de la propia conquista, tenían varias concubinas. La visión patriarcal, que es la atmósfera en la cual todavía vivimos, percibe que anexar un territorio es acceder al cuerpo de sus mujeres como parte de su territorio, por eso hablo de esa afinidad. Esto fue siempre así hasta ahora. Es importante prestar atención que hubo un cambio, y ha sido para peor, porque en muchos territorios del mundo hoy no se trata de anexar el cuerpo de las mujeres sino de destruirlo. Este es un fenómeno muy nuevo. Claro que era destructiva y espantosa la violación del cuerpo de las mujeres, en una atmósfera patriarcal en la cual se entiende que cuando yo violo a la mujer del enemigo, yo reduzco a mi enemigo moralmente, por eso es tan potente el crimen sexual, y se entiende en una agresión al otro. Pero es una agresión a la mujer como persona y sin embargo, no se ve así. Tanto no se ve así que en diversas partes del mundo, en Colombia paradigmáticamente, y ahora también en la Argentina y en Perú, se está comenzando a descubrir que en todas las agresiones a las mujeres por parte de grupos paraestatales o durante los gobiernos dictatoriales, el tratamiento dado a las mujeres ha sido silenciado. Los protocolos de la investigación de la Medicina Legal para el análisis de lo ocurrido en esos cuerpos no incluyen preguntas sobre la especificidad de lo que les pasó a las mujeres. En Colombia están exhumando fosas comunes, de las varias guerras que atravesaron su territorio en décadas; aunque la crueldad ejercida sobre el cuerpo de las mujeres tuvo especificidades sexuales no está registrado. Y esto es lo importante. Porque se considera equivocadamente que eso que aconteció ahí entre el verdugo y su víctima fue de orden sexual y yo afirmo, y creo que es fundamental que nosotras lo afirmemos fuertemente, que eso no es de orden sexual, es de orden bélico, sólo que la forma de agresión se da a través de la sexualidad, se da en los genitales y con genitales. Lo dejan afuera, no lo cuentan, porque lo consideran del ámbito de lo íntimo.

–De lo privado...

–Exacto. Ese es todo el tema de la Modernidad, que se privatiza completamente lo sexual. Las mujeres nunca han sufrido tanto violencia doméstica como en la Modernidad porque se ha privatizado completamente lo sexual, que es un error, porque ahí lo sexual es político y es bélico, no es sexual. Si el patriarcado no fuera la red de significados y sentidos en la que estamos presos, la sexualidad no tendría ninguno de los significados que tiene entre nosotros. Por ejemplo, no tendría el sentido de la desmoralización del otro. Lo que las mujeres debemos defender es que la sexualidad ejercida de esa forma lastima, duele físicamente. Pero la lastimadura moral resulta del orden de la atmósfera del aire patriarcal que respiramos y coloca en la intimidad esa agresión que duele y que es simplemente una agresión como si me dieran una cuchillada, como si me dieran un balazo. Se pierde toda la dimensión del dolor, que es la más importante de todas. Y se lo privatiza y se coloca esa agresión en el orden de la moralidad. Entonces, no se habla. Las mujeres indígenas peruanas y guatemaltecas, por ejemplo, que han sufrido agresiones sexuales feroces, que han derivado en muchos casos en embarazos, no pueden hablar de esto porque están aprisionadas en el orden moral sexual. Uno de los grandes esfuerzos es retirar la sexualidad de la moralidad, separarla. Eso sería un tiro de gracia en el poder patriarcal. Cuando se agrede sexualmente a sus mujeres, se las desflora por violencia, el corazón del enemigo se reduce, porque el enemigo también es hombre, y es un defensor de la regla patriarcal. Hay una autora hindú que se llama Veena Das, que escribió un artículo sobre la crueldad en las guerras de la separación de India de Pakistán. Infelizmente no lo analiza desde una perspectiva de crítica al patriarcado, pero muestra cómo la destrucción de esa guerra también fue una destrucción en el cuerpo de las mujeres. Si hasta el presente fue la anexión del territorio, anexión del cuerpo de las mujeres, inseminación colectiva, esclavización sexual de las mujeres como el máximo trofeo de la victoria, como un cazador pone los ciervos en la pared, hoy hay todavía una vuelta de tornillo para peor en ese proceso que consiste en la destrucción y eliminación por tortura del cuerpo de las mujeres hasta la muerte en muchos escenarios del mundo, en Congo, Guatemala, México, El Salvador. Esa destrucción es una novedad.

¿La saña aumentó?

–Antes el abuso era la saña. Hoy es saña que lleva a la muerte por destrucción del cuerpo.

¿Y se da sólo en contextos de guerra o en otros también?

–Para que la definición de crímenes de guerra sea eficaz para defender a las mujeres, la noción de guerra tiene que ser modificada.

¿En qué términos?

–Las guerras no son más convencionales. El mundo tiene una cantidad de escenarios guerreros impresionantes, que no son definidos de la forma clásica. Las guerras de maras, de gánsters, tribales, de los paraestados contra poblaciones disidentes, acciones paraestatales policiales permanentes y legitimadas para los no blancos, los marginales, los drogadictos, el peligro musulmán en Europa. Es necesario reformular este nuevo tipo de guerras que son no formalizadas por uniformes, por estandartes y sobre todo por formas marcadas y definidas de victoria o de derrota. En una guerra convencional además de la uniformización de los dos ejércitos hay convenciones muy claras de cómo se venció, como son los rituales de victoria, de derrota, de pacto final. Como las guerras hoy son difusas y no están definidas, algunos las llaman de tercera o cuarta generación, lo que está ocurriendo con las mujeres es una forma de documento donde se escribe un momento de victoria. También lo que pasa es que la victoria en estas guerras no convencionales es efímera.

–La antropóloga mexicana y ex diputada federal Marcela Lagarde sostiene que las muertes y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez no son un fenómeno excepcional, sino que se repite en otros países como Guatemala y España, e incluso la Argentina, donde se repiten los asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres. ¿Comparte esta visión sobre los feminicidios?

–Hay dos posiciones en relación con los feminicidios. Es muy complicado porque no se han desarrollado todavía los foros suficientes como para discutirlas. En realidad, son dos estrategias diferentes. ¿Qué significa que una mujer muera por el solo hecho de ser mujer? La definición que toma Marcela Lagarde es la de Diane Russell, que vive en Estados Unidos, pero es sudafricana, el lugar donde se cometen más violaciones en el mundo. Russell muestra a las mujeres usadas en la pornografía y llevadas hasta la muerte en algún tipo de snuff movies, mujeres asesinadas por sus maridos, todas las mujeres que mueren en una frontera de género. Marcela sigue un poco este camino, es decir, el feminicidio engloba a todas las mujeres que mueren en una frontera de género. Como dice ella: “Para el género no existen tiempos de paz”. La producción más interesante en el feminismo está en la actualidad en redescubrir un camino no occidental para las mujeres. El Occidente moderno es el que peor trata a las mujeres, no importa cuánta ley de derechos humanos o de legislación pro mujer pueda un país producir. Algo está pasando porque algo está fallando severamente en el camino occidental y moderno estatal. Entonces, hay una visión del feminicidio que engloba todas las muertes que ocurren en esta frontera de género, en incremento en el avance de la modernidad. Y hay otra visión que cierra, focaliza, en cierto tipo de agresiones que tiene que ver con la destrucción del cuerpo hasta la muerte, en un escenario bélico nuevo. Yo trabajo en esta última línea.

–¿Por qué?

–Es cierto que la mayor parte de los asesinatos de mujeres ocurren en el espacio doméstico. El propio Estado moderno produce conyugalidad moderna. Tengo una estudiante que terminó su doctorado ahora. Su tesis es sobre la invención de la solterona. Se trata de cómo a medida que se moderniza el Estado brasileño –esto ha sido un proceso mundial, hay estudios para el Islam también–, se van creando mecanismos en que se fuerza a las familias a obedecer un patrón de conyugalidad moderno, privatizado, la familia conyugal cerrada, íntima, privada. Lo doméstico se privatiza. Surgen las ideas sobre las solteronas que nos parecen que son naturales, de que estar solo y no casarse es patológico, se genera un gran terror frente a ser solterona. Fue una política clara, a través de las revistas de aconsejamiento, las novelas, la literatura, que impusieron una imagen de mujer soltera como anómala, portadora de una incapacidad o enfermedad psicológica. Mi estudiante lo demuestra. Es muy interesante su tesis. En esa conyugalidad se van creando formas propias de violencia que son muy grandes, porque se rompen todas las formas de solidaridad entre las mujeres, que existían en un espacio doméstico de otro tipo, no conyugal privado propio de la modernidad, que es el espacio indígena, islámico doméstico, la familia compleja. Hoy la mujer vive su soledad en el espacio doméstico y nadie lo sabe. El avance de la Modernidad fue creando formas de vulnerabilidad de las mujeres y fue creando las leyes para esa forma de vulnerabilidad.

–Los asesinatos de mujeres que ocurren en lo doméstico, ejecutados por su pareja o su ex pareja ¿se deben definir como feminicidios?

–El problema es que si a esos crímenes se los llama feminicidios será dificilísimo hacer entrar esa categoría en la legislación internacional de derechos humanos. La lucha de llevar el feminicidio a la categoría de un tipo de genocidio hacia la mujer tiene que pasar por algo que es la despersonalización de esos crímenes. Un violador de calle, desconocido, del tipo serial, tiene una motivación de orden de género evidentemente: su género le impone un mandato de apoderamiento y posesión del cuerpo de la mujer, de ser capaz de mostrar que puede usurpar la sexualidad femenina. Eso es genérico. La mayor parte de los hombres controla el mandato genérico o lo ejecuta por vías que no son cuadrables en la ley como violación. La extracción del tributo femenino, como si fuera un impuesto de las mujeres, para construir su masculinidad, el violador la realiza de una forma particular, que atañe a su biografía personal. El “pater familias”, el hombre que es dueño del ámbito privatizado que es la esfera familiar, va a realizar su mandato de posesión de aquella esfera y de los cuerpos que en ella habitan de una manera personal, con su autoridad ejercida de la manera que la ley permite o, en unos casos, va a exceder la ley y va a ejercer su autoridad de una manera que la costumbre lo permite, que no es lo mismo. Pero en todos los casos tenemos la personalización de la manera en que se realiza el mandato de género. Es un mandato genérico realizado de acuerdo con las características de biografías personales. A un jurista que trabaja en el campo de los derechos humanos es difícil –porque ya lo intenté– convencerlo de que esos crímenes constituyen un genocidio, porque hay una personalización de la forma en que se ejecuta un mandato que es genérico. Los otros asesinatos de mujeres, los que se producen en las guerras no convencionales, en las masacres en el cuerpo de las mujeres, en esos casos sí ocurren solamente por el hecho de ser mujeres, porque son mujeres desconocidas. Pensemos en un ejemplo. Un hombre piensa: “Voy a agarrar a una mujer del barrio tal porque está dominado por tal mara y al destruir su cuerpo mostraré que sus grandes cabecillas no tienen capacidad para defender a las mujeres que viven en su territorio”. Punto. Es una relación política y bélica. Ahí sí hay feminicidios. Otro ejemplo: en las destrucciones vaginales que se observan en las guerras tribales del Congo, que son continuaciones de las guerras de Ruanda, podríamos mostrar dos cosas: que se trata de muertes de mujeres sin relación con biografías personales; y en muchos casos, como en Ciudad Juárez, estoy convencida de que los hombres que ejecutan esa destrucción no la harían si no fueran miembros de bandas que los presionan y los obligan a llevar adelante actos letales contra el cuerpo de las mujeres. Son presiones políticas del bando de género. Cuando marcamos una diferencia entre esos dos tipos de crímenes de género hacemos algo fundamental, porque obligamos a investigaciones detalladas. Lo que se ve en Ciudad Juárez clásicamente es que la policía dice: “Ah!! Un crimen más de género. Sí, estaba celoso el novio, entonces la acuchilló, le sacó los ojos, le arrancó los senos”. Cuando se ponen los crímenes de género sin detalle, en una misma bolsa, se permite a la policía, a los fiscales, a los jueces –como pasa con las fosas comunes, como pasó con la represión militar en la Argentina– a no detallar qué pasa con el cuerpo de las mujeres. Todos son crímenes patriarcales, pero necesitamos tener categorías precisas para obligar a aplicar protocolos de investigación precisos, que es lo que no está sucediendo. Una de las razones por las que la impunidad continúa en Ciudad Juárez es porque no hay investigaciones precisas.

–¿No considera que es importante nombrar los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas como feminicidios a modo de denuncia política y para evitar a mismo tiempo que se los califique en los medios como crímenes pasionales con todo lo que esa conceptualización conlleva? Puede haber ahí una estrategia de visibilización, más allá de la cuestión estrictamente jurídica.

–Sí, sí, es importante mostrar la unidad de universo de estas agresiones. Pero hay un peligro de desgaste del término. Por eso la ley es importante no tanto en la producción de sentencias sino para consagrar categorías, con la potencia con que la ley las sacraliza. Cuando sacraliza una categoría la ley hace un trabajo de ir transformando la sensibilidad ética de la gente. Hoy es una palabra muy fuerte y mañana puede pasar a tener el mismo significado que lo que antes llamábamos violencia doméstica.

 Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/index-2010-02-08.html

Thursday, July 1, 2010

Las mujeres en la historia de Occidente.

Me gustaría ir explorando con Uds las obras de diferentes historiadoras/os en su búsqueda de revelar los desafíos y grandes logros de aquellas heroínas conocida y olvidadas que hicieron historia.

 En el día de hoy, me gustaría hacer un brief sobre la última obra del historiador Bartolomé Bennassar, profesor de Universidad de Toulouse. Su libro se titula “Reinas y Princesas del Renacimiento a la Ilustración”.

Claramente la visión del historiador es pesimista en cuanto al rol que desempeñaban la mujeres de la corona en su gran mayoria. Básicamente  se refiere a ellas como valiosas monedas de cambio cuyas vidas eran sistemáticamente sacrificadas a la razón de Estado y cuyos cuerpos fueron sometidas al acoso sexual para cumplir con su principal misión, dar infantes e infantas en abundancia con el fin de asegurar el futuro de las dinastías y abastecer el mercado matrimonial de las cortes europeas”.
En la entrevista llevada a cabo por Laura Manzanera, el autor señala que era su papel reproductor el que dotaba de sentido las vidas de las mujeres de la corona y también el motivo de que muchas de ellas murieses jóvenes. Entre los ejemplo rescata que entre 1500 y 1700 con excepción de Juana la Loca, la única reina de España que falleció después de su marido fue Mariana de Austria segunda esposa de Felipe IV, tras cuya muerte se convirtió en regente.
El subtitulo escogido para el libro está lejos de ser casual. El lecho, el poder y la muerte, fueron los factores que marcaron la traumática existencia de estas mujeres.  Probablemente por eso el primer ejemplo tratado sea el de Ana de Austria, unida a Luis XIII de Francia y un caso excepcional, porque sus maternidades fueron tardías y escasas y porque vivió hasta los  65 años, lo que resultó ser todo un record.
Entre las poquísimas reinas que lograron escapar a su función reproductora destacaron entre los siglo XVI y XVII, Isabel I de Inglaterra y Cristina de Suecia (aunque el autor hace oídos sobros a otras reinas como las de Rusia) que permanecieron solteras. Las características en común entre las dos regentes eran que reinaban en su propio país y se negaron a casarse y tuvieron varios amantes. Mientras que otras tenían que competir con las poderosas amantes reales.
El segundo punto del análisis de la obra, el poder, se centra en las estrategias matrimoniales marcadas por planes políticos de gran calibre. Los acuerdos matrimoniales evitaban o detenían a menudo enfrentamientos bélicos. Bennassar, sostienen que las mujeres cuyo talento político fue más evidente no se lo debieron a las enseñanzas recibidas, sino a su fuerte carácter.  Entre las que lograron elevarse por encima de sus circunstancias, las más poderosas, señala a Isabel la Católica, Isabel de Inglaterra, Cristina de Suecia, Catalina de Medici, Margarita de Francia, María Tudor y María de Hungría. A la capacidad intelectual de esta última se unían sus dotes de mando, que la convirtieron en la cabeza política de la pareja.

Algunas reflexiones sobre la situación de las estudiantes de Relaciones Internacionales

Agradezco profundamente a mi querida amiga Gabriela Avenia, que se animó a compartir con nosotras los desafios que entrentan muchas de nosotras que decidimos seguir la carrera.

Suele decirse que los años en la universidad son de los mejores años en la vida de una persona. Para aquellos que estudiamos RRII por vocación, y no por evitar una carrera con matemáticas, fue una etapa de consolidarnos como seres pensantes y tolerantes.

Sin embargo, a la hora de tenernos que enfrentar con el mundo real las cosas no son todas tan agradables como aparentan. Sacando el trabajo en fundaciones y partidos políticos, casi exclusivamente Ad Honorem, es poco el trabajo que se puede conseguir que permita continuar con la carrera en los plazos ideales, consecuencia de la necesidad de largas horas de lectura y estudio de nuestra carrear, y por la escasa demanda de trabajo part-time en nuestro pais (en relación a la extensiva oferta).

*Dificultades en el mercado laboral:

Una vez terminada la carrera las chances de integrarse al mercado laboral no mejoran mucho, en particular en el caso de las mujeres.
Dejando de lado el sector publico, la falta de consciencia en las áreas de recursos humanos de lo que un Lic. en RRII tiene para ofrecer hace que muchas veces no se nos contemple (o seamos descartados rápidamente) en búsquedas para las que estamos totalmente calificados (esta situación es particularmente notoria en búsquedas on-line donde el empleador solo accede a una vista previa del CV y tiene que pagar para verlo completo).

En mi caso particular pasé algunos años de infructuosas búsquedas en campos vinculados a la logística y el comercio internacional. Donde con tres idiomas y un titulo de licenciada en RRII la mejor oferta recibida fue para ser telefonista de Maesk, ya que para los trabajos en esas áreas son preferidos hombres a los que se considera poseedores de innatas cualidades negociadoras en contraposición a las mujeres, tenidas como poco hábiles en tales menesteres.

Finalmente llegue a hacerme algo de experiencia dentro de las áreas de Marketing y Operaciones, teniendo como "enganche" mi conocimiento de idiomas y características de personalidad, antes que la carrera finalizada, en una empresa en la cual la mayor parte del plantel era femenino y que al estar comenzando, y no tener un gran presupuesto para pagar a consultoras, se tomaba el tiempo y dedicación para buscar sus empleados sin caer en pre-conceptos y siendo entrevistada por mas de 5 miembros del staff de aquel momento. De no haber sido por esa situación un tanto anómala en el actual mercado laboral argentino, probablemente continuaría con una muy poca experiencia laboral.